jueves, 28 de enero de 2016

america sanchez. retratos románicos. tintas sobre papel









Hay dibujantes que tienen la mirada primigenia, que saben atrapar su presa al vuelo, que de un flechazo miran como si fuera la primera vez que alguien ve. América Sánchez dibuja desde hace muchos años con ese tipo de mirada. Se pasea, por ejemplo, por las salas románicas del Museo Nacional d’Art de Catalunya, y ve. Y mirando descubre que nuestros rostros son románicos, que los que vivimos en las calles de este lado del mediterráneo, somos tremendamente románicos.

Empezó a dibujar hace veinticinco años tras visitas casi furtivas al Museo. Esbozaba los pequeños rostros escondidos en pinturas murales, frontales de iglesia, ábsides. Al principio intentó mantener la paleta cromática del Románico, pero pronto rompió ese código para introducir una gama viva de colores que desobedecían el espectro original. Fidelidad al dibujo, adulterio al color.


Emmanuel Lévinas señalaba que el rostro es el modo en el que el otro se nos presenta y nos expone su “forma”. Celebramos el rostro representándolo. América sigue dibujando en las salas del Museo porque quiere entender los estilos del Románico, educar su mano para deducir los gestos de aquellos lejanos pintores. Dibujar como dibujaron ellos, ser un poco románico.  Pero sobretodo para entender el misterio que encierran esos rostros tantas veces vistos, que han acabado siendo, nos dice, “como mi familia”.

Montseny, 2015. 

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