lunes, 25 de marzo de 2013

La mediana edad


La mediana edad es ele eje central de la especie. Alcanzamos nuestro auge cognitivo. La salud mental se estabiliza. Las relaciones afectivas se reinventan. Creación y destrucción conviven. Los de la mediana edad, dice la sociología, somos difusores de cultura y conocimiento. No hay mamíferos cuya mediana edad se dilate veinte años, como nos pasa a los humanos. Necesitamos cuarentones y cincuentones que auxilien a los jóvenes cachorros. La mediana edad es la culminación de nuestra especie y el inicio del declive.
Paseo con una vara de avellanero recién tallada con mi navaja Opinel. Camino por un trilladísimo sendero y, sin embargo, me pierdo en diatribas sobre la mediana edad.

La ciudad me reclama. Se inaugura una exposición de una artista amiga; un escritor con el que colaboro me llama para que nos emborrachemos en el Raval; un viejo ausente reaparece en mis días y propone crear una tertulia en el barrio viejo. Diseños, museografías, tertulias, librerías, cafés, edificios amigos, memorias perdidas. La urbe grita, pero el bosque no me deja escapar hacia sus calles. Casi no dispongo de tiempo de ocio. Los intervalos de descanso entre las jornadas laborales los dedico a viajar hacia o regresar del trabajo. Tributo mis tiempos a la familia, a la lectura, al dibujo, al orujo de hierbas, a correr por los bosques del Montseny. Siempre sólo, siempre en silencio.

Paseo con una vara de avellanero, dando golpecitos a los cantos rodados que no superen el centímetro de diámetro. Repaso en silencio las cuentas del mes. Cada vez es más difícil cuadrar los números de la cotidianidad. Llegada la mediana edad uno espera ciertas comodidades. Pero sólo llegan los nuevos ajustes. Sigo con atención en los foros de debate las formas de eso que se ha dado en llamar “consumo colaborativo”. Releo a Tolstoi, las desventuras de Dersu Uzala, el tao. Escribo, tacho, rescribo un decálogo para los nuevos días. Uno, saca el máximo rendimiento de lo que poseas. Dos, la frugalidad es compatible con un proyecto vital (las experiencias, aunque sean de alquiler o prestadas, generan el bienestar, y no la posesión de productos). Tres, conviértete en un nuevo buscavidas. Cuatro, dale dobles usos a lo que sólo usabas una vez. Y así, hasta diez.
 Escribo un decálogo cuyos preceptos se resuman en dos: no te resistas a lo inevitable; adáptate rápido, pero sé lento.  



1 comentario:

  1. Desde mi mediana edad, asombrada y a la expectativa. Podría integrar ese decálogo en mi casa de conocerlo.
    De vuelta en la ciudad tras varios años de vivir en la falda del Montseny, sin vara de avellanero para pasear por el Raval :)

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