domingo, 3 de marzo de 2013

El invierno declina


Releo notas sobre una vieja entrevista al artista Àngel Jové. Dice que “toda imagen es un tiempo de muerte”, y añade que “la muerte tiene que ver con la magia y la magia con la vida. Y la vida con la muerte”. Fotografío el bosque que se ve desde mi casa. La muerte, la magia, el humus. “Al final he encontrado mi espacio: el espacio de la auténtica vaciedad”.

Nieve en las cumbres. El viento ha quebrado las ramas más frágiles. El invierno empieza a declinar. Me adentro en los bosques. Busco lugares que el hombre lleve tiempo sin pisar. Bebo en los arroyuelos. Escucho. Hay un vacío que todo lo llena. Me apaciguo. En soledad, sentado sobre determinadas piedras de este bosque, encajo. Como encajo bajo el agua, en determinadas calas del mediterráneo, en algunas cafeterías europeas, en unas cuantas librerías, en los barrios viejos de no pocas ciudades.

Cruje un matojo. Es el vuelo asustado de algún pajarillo que me ha descubierto. El sol caldea mi calva y las piernas desnudas. Corrí unos cuantos kilómetros hasta llegar al monolito que me acoge. No hay hombres.

El Montseny del ayer era un macizo mucho más humanizado, de paisajes poco boscosos. El impacto derivado de la explotación de los recursos naturales suponía cierta presión sobre la floresta cien años atrás. Hoy se invierte el problema. La pérdida de los usos tradicionales y el abuso turístico, pone en peligro la integridad de esta reserva de la biosfera. Se expande el bosque descuidado, prolifera el peligro de incendio en verano. Aparecen nuevas especies que rápidamente se convierten en plaga. Aumentan los residuos plásticos en las zonas más cercanas a las carreteras.

El encinar mediterráneo crece por doquier entre los 200 y los 700 metros de altura. A partir de los 1200 metros, lo sustituye el encinar de montaña, más frondoso. El roble de hoja grande se hace bosque en las zonas más húmedas de la cara norte. Los hayedos fructifican en el sector oriental del macizo, menos continental, expuesto a las brisas marinas. Son los bosques icónicos del Montseny. Allá donde el hombre ha introducido el eucalipto, el sotobosque se deteriora, el bosque pierde consistencia. Necesitados de un terreno fértil y húmedo, el Montseny alpino (1600m) esconde también pequeños bosques de abeto, entre lascas y roqueríos. Es el Montseny de las cimas nevadas y los vientos fríos. El macizo del Montseny representa a su manera una síntesis de los principales paisajes de la Europa occidental. A mí siempre me pareció un macizo frontera, una franja de ruptura entre la mediterraneidad y el bioma centroeuropeo.

Estoy solo sobre una roca. Escucho.

Nos gusta con la familia subir al pueblo del Montseny, el único que recibe el mismo nombre del macizo. Paseamos por los alrededores, merendamos las deliciosas pastas de crema de la Fleca, tomamos un café en la terraza balcón que circunda la plaza principal. A veces caminamos hasta las afueras del pueblo, hasta la parte alta, donde han instalado la estela de la Sitja del llop. Se trata de un monumento megalítico de unos 5000 años de antigüedad. Es el punto origen de la historia humana del Montseny. Fue encontrada en una barraca de pastores conocida como Barraca d’en Ramón, en el Pla de La Calma. Trasladada a su actual emplazamiento en el año 2008, después de sufrir algunas agresiones. Aunque fue encontrada en posición horizontal pues se utilizó como asiento de una de las paredes de la barraca, se le supone una posición vertical y una función conmemorativa, como tantas otras estelas megalíticas. Grabada con líneas y círculos concéntricos, su significado se ha perdido en la noche de los tiempos. Este tipo de estelas marcaban lugares singulares del camino, o evocaban a difuntos de honor. Se nos escapa el significado de esas formas algo hipnóticas cinceladas en la piedra. El círculo en las tradiciones arcanas se asocia con el cielo; el cuadrado con la tierra. Los círculos concéntricos son como puertas celestiales, caminos de iniciación. Se graba un círculo mágico en las tumbas a fin de exorcizarlas e impedir que el difunto regrese. El círculo tiene también un significado solar.

Sigo mi trote por los bosques del Montseny. Acompaso la respiración al ritmo de las piernas. Pienso en las primeras culturas del macizo. En las culturas megalíticas, en los íberos y los romanos. Pienso en círculos y bolas de barro. Mi hija Lucía y algunas niñas de su colegio han inventado una suerte de protocerámica. La cosa empezó el año pasado, cuando tenían cinco, en el patio de la escuela. Tiraban agua sobre la tierra. Moldeaban una bola de barro. Luego, en un aparte, frotaban las manos contra el suelo para conseguir lo que llaman “sorra fina” (arena fina). Espolvoreaban la bola de barro con esa arenilla fina acroquetándola. El juego ha continuado este año. Cada niña tiene su bola en la mano durante la hora del patio, y la va espolvoreando. A veces juegan en el parque y esconden las bolas entre los matas para recuperarlas al día siguiente. Hay una versión del juego, cuando falta el agua, que denominan “escupinada bony”. Consiste en escupir sobre la tierra para conseguir el barrillo. Es muy curioso observar esta protocerámica y sus procesos. Nunca hay niños jugando. Si son varias niñas se organizan: una hace “sorra fina” mientras otra redondea “bonys”. Existe también cierto sentido de la propiedad. Aunque todas hagan varias bolas de barro, al final, cada una reivindica una como suya. Observar este juego es ver la prehistoria de la humanidad, los primeros pasos de la cultura, la sociabilidad, la propiedad, el comercio…

Llego a casa. Tras la ducha tomo asiento en mi estudio. Releo las viejas anotaciones que le robé a la charla que tuvieron hace años el filósofo Xavier Antich y el artista  Ángel Jové: “La mirada es algo que se desvanece. El problema de querer instalarse en la nada es el problema del saco: sólo puedes vaciarlo si antes lo has llenado”. “He querido ser impecable, no hay término medio”. “La sabiduría es difuminarse en el saber”. “Creer que el pensamiento humano puede estar al margen de la naturaleza es no entender nada”. “Para ser admitido en el paraíso hay que destilar, aunque sólo sea una única gota (de tu propia grappa). Sino, sólo haces vino barato”.



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