lunes, 25 de junio de 2012

Solsticio (moleskine 2012)


Fuegos del solsticio.

 Rescate económico de la Banca Española.
Se me escapan los entresijos macroeconómicos. Me aburre leer la prensa. También me asusta. Todo el mundo ve caer la seguridad, el confort, la tranquilidad, la calidad de vida. Mes a mes vamos ajustando las economías familiares. A pesar de todo somos afortunados, dicen. Renunciamos al bienestar, recortamos cotidianidades, nos amputan nóminas, desmontamos veranos, descarrila el Cosmos, las ruedan dentadas chirrían, pero la maquinaria, perpleja, aprenderá de nuevo a funcionar, nos dicen.

No estamos indignados, siempre fuimos outsiders. Aguantamos el chaparrón. Pensamos en Tolstoi, en una vida retirada, austera, en el contacto diario con los bosques y los mares, en Thoreau, en aprender nuevos oficios que se resuelvan con las manos.

Arden las hogueras de San Juan.

 Soy un perdedor plenairista. Eso me salva. Corro por los senderos del Montseny, corro por las playas del Maresme, junto a los acantilados de la Costa Brava.   





3 comentarios:

  1. Llueve en el Montseny. Tormenta de verano. Abro el Tao al azar y leo: "la via del cielo / sabe vencer sin batallar / responder sin hablar / venir sin que se le llame / y trazar sus proyectos con serenidad ". Compré mi primer Tao en 1989, en una libreria de temática religiosa junto al Colegio de los Jesuitas donde estudié el bachillerato. Una versión barata, muy mal editada, nefastamente traducida. Luego pasaron muchos otros Taos, varios tratados taoistas, algunas reinterpretaciones más o menos afortunadas. Me deshice de esos libros, de todas las desviaciones new-age, de todos los que hacen del Tao un camino estrecho donde apelmazar sus estrecheces. Me quedé con esta primera edición. En estos días en que lluevo por dentro, vuelvo a mi viejo Tao.

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  2. Corrí dos horas por el Camí de Ronda a su paso por Tamariu. De Tamariu a Calella ida y vuelta. Pasé por todos los rincones que acotan el paisaje afectivo de los últimos veranos. Atenué, corriendo, en sístole/diastole emocional. Me despido de los que se van, lloviendo por dentro. Confirmo mis raíces, que tanto le deben a estos roqueríos. Veo al niño melenudo que fuí, correteando por la playa, buscando cangrejos y lapas entre las espumas. Le cuento secretos a los árboles. Beso los muros de castillos derruidos y vuelvo a brindar, por que a terco no hay quien me gane:
    "Brindo, por un arte austero. Por una vida espartana. Por la magia de los bosques profundos, por los abismos marinos, por las montañas. Brindo por el goce más que por el placer. Brindo con licores fuertes por las religiones primigenias, por los libros encuadernados en piel, por los cuchillos escandinavos, por los ríos subterráneos, por los museos, por los ancianos que narran historias arcanas, por los restos arqueológicos. Brindo por los gravados, por lo orgánico, por las expediciones a lugares ignotos, por los barcos de vela, por las locomotoras, por el temor a los zepelines. Brindo por los números que dan miedo, por lo asimétrico. Brindo por los proyectores de cine y los visores ópticos, por las enciclopedias ilustradas, por la tinta china, por los grafitos. Brindo por los que corren, brindo por los que beben. Brindo por las cabañas. Brindo por mis hijas. Brindo por jabalíes y jabatos. Brindo por las cafeterías europeas. Brindo por mis manos. Brindo por las miradas profundas que se te clavan y te acompañan de por vida. Brindo por los finales abruptos".

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  3. Cuaderno de la ausencia. Prefiero cambiar el rencor por la tristeza. La tristeza es un sentir que se gestiona desde las profundidades del yo. El odio, el rencor, requiere de un enemigo exterior y extiende sus dominios como un cáncer. La tristeza se puede transportar, nos deja caminar. La tristeza se diluye, deviene compañera, filosofía de vida. Hay cierta tristeza activa que resulta casi optimista. Una tristeza bonita que se otea en los horizontes mediterráneos. Una tristeza que habla de viajes, de refugios vikingos, de cuchillos escandinavos, de islas y libros. Leo a Jordi Esteva, leo a Claudio Magris. Bebo licores fuertes cuando anochece. Salgo a la gran terraza de mi estudio y saludo a la Osa Mayor.

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