lunes, 13 de junio de 2011

Algolagnia

“Lo que un escritor de verdad debe hacer es atrapar dragones y disfrazarlos de liebres”, decía Bolaño

No he leído más que por encima las consideraciones sobre masoquismo de Freud y Deleuze. No estoy en disposición, por tanto, de acertar en teorías ni diatribas. Hete aquí que me dispongo a discurrir por mis conductas masoquistas en un intento buzo de que ninguna de mis patologías quede sin voz.

¿Cuándo empieza todo? No lo sé, aunque probablemente sea clave saberlo. Pasados los cuarenta a uno le da por pensar en balances (no, lectores, no teman, la cosa no irá de balances), ¿qué planes de juventud se truncaron? ¿Qué mujeres se amaron y en que llaga se metieron? ¿Cuáles fueron los senderos de la vida laboral, familiar, artística?

En el “proceso victoriano interior”, dice Javier Calvo, las cosas ya no empiezan ni terminan. El mío es un masoquismo premoderno, sin origen, un masoquismo victoriano. Ese masoquismo que busca en el dolor un estadio previo al gozo. Recuerdo que de pequeño solía retener la orina para notar la presión insoportable sobre la vejiga, a sabiendas de que cuanto más prolongara aquel aguantar, mayor sería el alivio final. Siempre acepté los castigos, interiorizando hasta tal extremo el sentimiento de culpa que a menudo eran más duros los castigos que me autoinfligía que los que me imponían mis tutores. No mostré a lo largo de los años querencia alguna por las desviaciones sexuales vinculadas al dolor físico, pero si fui descubriendo que en los temas del amor y la Physis tiendo a los aprietos (nada de lloriqueos, no teman). Lo que me ocupa es descubrir si las conductas masoquistas han hecho de mí el Perdedor que soy. Supongamos que esa infranqueable barrera del éxito que se ha resistido durante cuarenta y tantos, no haya sido concebida por los resortes de una mediocridad galopante. Supongamos que el subconsciente haya postergado la eclosión de las potencialidades movido por un masoquismo endémico del que ya no puedo escapar. Acepto que puedan ustedes considerar retorcidas o exageradas estas argumentaciones. Alguno dirá que no son más que una forma radical de narcisismo. Admito invectivas. Pero entenderán que de ser ciertas mis sospechas, no me queda más remedio que indagar en el origen de esas tendencias masoquistas, y hacerlo con los instrumentos que me han sido dados: el trazo y la narración.






2 comentarios:

  1. El eterno dilema de la belleza... ya lo dijo E.Burke hablando sobre lo sublime: <>

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  2. Como siempre que leo los artículos del blog saco partido. Enhorabuena, el sitio web se ha convertido para mí en una referencia. Podré estar o no de acuerdo con algunos planteamientos pero siempre es enriquecedor leer los artículos colgados. Felicidades nuevamente, seguid así y animo a la gente a que participe con sus comentarios en este tipo de sitios educativos porque la verdad es que son de un valor enorme en esta época de internet.
    Ánimo y suerte con las publicaciones, os seguiré

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