domingo, 25 de julio de 2010

Apnea

Tamariu 2010. Foto: Maria Alabern


Los viejos del Mediterráneo son los encargados de no olvidar las cosas modestas. Son ancianos que huelen a cordaje de cáñamo, a nudo prieto desgastado por las mareas.

Todas las mañanas corro una hora hasta Cala Pedrosa. Allí me desnudo y me lanzo a las frías aguas. Buceo en un abismo de 20 metros, vuelo sobre rocas y bancos de peces. Los celtas buscaban los extremos del mundo pues sabían que en el Finisterre el encuentro con los dioses era ineludible. Por eso examinaban los silencios del mapa, los desgarros del paraje. En este final de paisaje que ofrecen los acantilados de la Costa Brava, observado por gaviotas y albatros, tras el trote por el camino de Ronda, viene a mí la escritura.

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Escribir un relato desprovisto de artificio, casi sin personajes, en un paisaje hondo. Ir a la contra de esos relatos repletos de citas y metaliteraturas que le salen, incluso, a esta novela. Escribir un relato “clásico”. Situar la acción fuera de tiempo. Había una vez un relato. Había también un paisaje, dos personajes. Sucedieron cosas y nada volvió a ser lo mismo.

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17 de Julio.
Perdedor nada desnudo, tranquilo en estas aguas frías pero calmas. Le hablo de mis infancias mediterráneas, del recuerdo de las lozanías. Perdedor codicia los nortes, los bosques, los círculos. Sin discutirle, conduzco la charla hacia esos pinos que le brotan al roquerío. Perdedor habla de veranos asturianos, de pallozas y de hórreos, de la mar cantábrica y de un camino que va a Santiago. Pero le reclamo que entrevea más allá de las brumas y conmemore la fiesta mediterránea de su adolescencia. –No te engañes, allí, en Santiago escondieron los iniciados un camino que va al Oriente- respondo.-No creas que el norte está muy lejos de un sur que conoces. Piensa en ello. O mejor, no pienses, asiente y fluye-.

-En verano es insultante el recuerdo de las lozanías- dice Perdedor.-Duele el hedonismo que nos es vetado-

-No seas necio-le digo.-En este sitio de lozanías y burguesías acomodadas, aquí precisamente, es donde veo que tu lugar está entre marinos viejos y detalles modestos-

Nadamos tranquilos, flotando sobre abismos. Perdedor frunce el ceño. La meditarreneidad no se hereda, decía Matvejevic, se alcanza.

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21 de Julio.
El silencio del mapa. Buen título. Había zonas desvastadas en los mapas antiguos donde reinaba lo ignoto. Nadando sobre abismos que se oscurecen, observado por gaviotas que se resguardan en los salientes del precipicio, pienso en las zonas sin nombre de la biografía de Perdedor. Como a los exploradores del ayer, me atraen las zonas desconocidas, los paisajes no dibujados.

Hoy cambié los órdenes. Acabé corriendo y sumergiéndome en las montañas invertidas de Cala Pedrosa, por que el día empezó con padres y suegros. Madre y Padre aparecieron a media mañana. Vestidos de blanco. Magos, casi perfectos. No quisieron baños de sol ni remojones en la playa. Antes, hacia las diez, vinieron los suegros. Con Manuel buceamos las rocas de la Platja dels Liris, buscando mejillones. Maruja nos preparó los moluscos al vapor, ensaladilla rusa, pollo salseado en aceite de oliva. Los abuelos vinieron a ver a sus nietas, a mirarles la alegría y besuquearles la piel tostada. Fue lindo el día. Con Padre paseamos por el malecón y hablamos de trabajo: -Estas en un buen momento. No bajes la guardia. Es en los próximos diez años cuando verás eclosionar tus éxitos. Luego viene el declive- . Las niñas copan la atención de todos. La pequeña Lucía dice que habla dieciocho idiomas: -Català, castellano, inglés, sombrilla, toalla, arena…- Marieta nada como delfín. Es niña a unas lentes de buceo pegada. Recolecta mejillones con nosotros, busca piedras singulares, hace volteretas bajo el agua.

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Hubo un tiempo en el que contemplé la posibilidad de trabajar un oficio de veranos. Obtener la licencia de patrón de barcos, atender la barra de un chiringo playero, vender artesanías. Eran años de incertidumbre laboral, en los que no sabía sacarle réditos al bagaje. No cuajó aquella inercia, por fortuna. Veo fastidio en las caras de no pocos camareros, de los instructores de buceo, de la cajera en la tienda de ultramarinos. Veo el hastío. Es un mal extendido por la geografía turística mediterránea. Propietarios, minifundistas, nietos de pescadores, viven del dinero foráneo y al tiempo, les asquea todo lo extranjero. Todos somos, por otra parte, forasteros para ellos. Les jeringa el paisaje, la calma, el goce. Aprenden o heredan la capacidad de no ver, cortan la comunión entre cuerpo y entorno. Es algo que no les ocurría a sus abuelos, artesanos antiguos, pescadores, albañiles de piedra, teja y cal. Mucho me temo que haya que venir del norte para apreciar en gran medida las texturas del mediterráneo. Este falso proletariado de las costas se predispone a “hacer temporada”, han olvidado las cosas modestas de la mar y los bosques, trabajan en horarios infames, odian el sol y raramente se bañan en las mismas playas donde nos bañamos los forasteros. No hablo de las clases más humildes, de los que vienen de lejos a ganarse un jornal. Hablo de esos empresarios de tres al cuarto que se disfrazan de obrero, esos que tuvieron un abuelo pescador en tiempos en los que por aquí su casucha y su barca nada valían. Esos que vieron cambiar la economía del lugar con la llegada del bikini, olvidaron el lazo con el paisaje, relegaron la piedra y la teja, cimentaron un infierno de hormigón y ladrillo. Esos que roban al huésped y miran de reojo al foráneo. Jamás hubieran descubierto que vivían en un paraíso si no hubieran venido fenicios, griegos, las invasiones romanas, los marinos, los rabinos, los piratas turcos a contárselo. Si fuera por ellos esta seria tierra hostil de contrabandistas huraños. No quieren aprender que en el mediterráneo cabe todo, que es un mar eje alrededor del cual gira el mundo.

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23 de Julio
Lucía ha pasado mala noche. Unas décimas nos alertaron de los fríos que tanto remojo ha debido provocarle. Como arrecia tormenta y el sol no aparece, nos vamos a visitar pueblos de piedra. Peratallada, demasiado turístico. Palau-Sator, refugio donde esconderse. Torroella de Montgrí, el mejor trazado urbano del medievo catalán. Por la tarde dejo a las chicas en la playita de Tamariu y me voy a correr el Camino de Ronda. Les trones, la Bassa, L’avia Catalana. Calas de roca que conducen a los acantilados de Aigua Xelida. Corriendo por los escarpados paisajes vislumbro mi carrera de escritor. Cierto que soy un creador Tao, que me adapto al camino y a los medios que este me ofrece. Dibujo cuando toca dibujar, fotografío, recolecto piedrecillas, afilo navajas escandinavas. Pero hay algo en el escribir que lo aglutina todo. Soy performer, marino, corredor de fondo, artista-que-corre-con-navaja-y-lápiz. Pero ya tengo dos libros en marcha. Uno lo ha leído todo el mundo, y habla de trastiendas, de museos, del camino hasta llegar al arte menor. Es un libro con diversas versiones, que tiene web y perfil en el facebook. Un libro que existe y tiene vida, aunque no esté publicado. El otro lo escribimos a medias con Perdedor, y es un torrente que se desborda, es una novela orgánica en la que los personajes envejecen, aman, tienen fiebre, se divorcian, mueren; las estaciones se suceden, cambian los paisajes, hace frío cuando nieva, y se suda al correr o cuando cae la canícula. Es una novela perpetua en la que se come, se bebe, se duerme, se folla, se cantan nanas, se navega…

Nado completamente desnudo sobre los precipicios de Cala Pedrosa. Aguanto la respiración bajo el agua para poder hablarle a Perdedor. Le cuento lo de la escritura.

-¿Sabes cuáles son las claves de tu fracaso?- digo.

-Uno. No haber afrontado directamente el fracaso. Siempre te acompañó la certeza de que un encadenamiento de fracasos acabaría por llevarte al éxito. Puritito embuste zen.
Dos. Caminaste por la tangente, buscando las notas virtuosas en las cuerdas más extremas del violín. Le diste vueltas requetevueltas a la tuerca.
Tres. Falta de talento. Esta es la más difícil de admitir. Todavía no lo has hecho-.

-Hay que salir de la ruta para encontrar la ruta- contesta Perdedor.

-Cierto. Escogiste la tangente, pero no lo hiciste siempre con gozo-

-Si tuvieses una habitación, un espacio ínfimo pero exquisito donde mostrar, ¿qué arte mostrarías allí? Si tuvieses un haz de páginas en blanco entre dos tapas de piel negra, ¿qué distinguido y pulcro libro podrías dibujar o escribir? Si tuvieses un instante vacío, ¿con que delicada acción podrías profanarlo?- pregunta Perdedor.- A veces me parece imposible conseguir un arte tan preciso-

-No hay secretos, Perdedor. La más exquisita de la acciones, una caricia. Un susurro, el mejor de los sonidos. Una línea a lápiz sobre Din A4, un formidable dibujo. En una habitación vacía una mesa. Sobre la mesa un dibujo. En el dibujo una línea. En una habitación vacía una cama. Junto a la cama una cortina de seda. En una habitación una línea, una frontera. Entre dos tapas negras los recuerdos de una lozanía que se desvanece. En una habitación vacía el ruido de tus órganos al envejecer-

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El Mediterráneo es preciso hasta en sus alimentos. Es en los platos pobres donde más mediterraneidad se le escapan a estas costas. El trigo vino del interior del continente, pero el pan se consagró en estas orillas. Lo dice Matvejevic en su Breviario Mediterráneo, pero es fácil corroborarlo hasta en la Biblia. Baste el verter un chorrito de aceite de oliva en un plato de loza blanca, empapar en ese aceite un trozo de pan y almorzarlo. Acompañar este sabor esencial con un vaso de vino tinto. Estos son los sabores cardinales del Mediterráneo sobre los que se han fundado religiones y culturas. Por otra parte, al Mediterráneo no le ha costado adquirir sabores exóticos hasta hacerlos suyos: Tomate, patata, arroces, azafrán, cebolla, ajos. No tengo claro en que consiste eso que han dado en llamar dieta mediterránea. Cantan los nutricionistas las excelencias de una cocina que contiene un poco todas las cocinas del mundo. Pero tengo claras las cosas esenciales en este Mediterráneo: un círculo de loza, unas gotas de aceite, un trozo de pan, un poco de vino tinto.

Mediterranée! Ton monde est à notre mesure.
Blond berceau bleu où balance la certitude.
La terre latine ne tremble pas.
En toi les mondes se polissent et s’humanisent

Albert Camus

(Mediterráneo el tuyo es un mundo a nuestra medida
Rubia cuna azul en donde se mece la certidumbre
La tierra latina no tiembla
En ti se pulen y humanizan los mundos)

domingo, 4 de julio de 2010

32 boyas


                          Acción: Nado silueteando las 32 boyas del puerto, en Calella de Palafrugell