domingo, 12 de diciembre de 2010

Hay placer en los bosques sin senderos

“Vivir mucho al aire libre, al sol y al viento, produce, sin duda, cierta dureza de carácter, desarrolla una gruesa callosidad sobre las cualidades más delicadas de nuestra naturaleza (…)”. Henry David Thoreau. Caminar.

Encuentro con Oscar Abril Ascaso en la cafetería de la librería Laie. Barcelona, 7 de diciembre. Perdedor adquiere, antes de ver a Oscar, “La niña verde” de Herbert Read. A Perdedor se le cruzan lecturas y charlas, Thoreau, Read, Oscar Abril Ascaso. Oscar cuenta sobre la ruptura con las gentes del Festival Sónar. Hace trece años que empezó la colaboración fructífera que ahora se rompe. Ponderables de la crisis o vete tú a saber qué. Oscar está algo asustado. Sigue dirigiendo L'Espai per a les pràctiques performàtiques en la NauEstruch de Sabadell y ha creado una empresa de servicios culturales con otros socios, no le faltan proyectos pero le titubea la nueva etapa. Oscar y Perdedor se respetan con afecto inglés, se comprenden aún en las diferencias, celebran una amistad de hace más de veinte años. Su charla abarca sin solución de continuidad desde los temas más íntimos a los paradigmas socio-culturales de nuestro tiempo. Diríase que están contentos de vivir la época que les ha tocado vivir. Se acabaron los arquetipos románticos, el artista atormentado acariciado por la mano divina. Es tiempo de redes, de neointimidad, de trabajo en colectivos globales. Oscar, urbano hasta la médula, Perdedor, anacoreta rural, son libertarios de la legua en un tiempo bisagra.

-Siento atracción hacia la crisis, la catástrofe- comenta Oscar. –Situaciones extremas, momentos en los que uno se encuentra con los propios límites. Soy de los que mezcló el terror y la sonrisa cuando cayeron las torres de Nueva York-. Atracción hacia el abismo, hacia aquello que nos despojaría de todo y nos obligaría a encontrar las declinaciones de nuestra supervivencia.

-A mi me ocurre algo parecido- alega Perdedor.- Hay dos motivos para vivir en los bosques: alejarse de la complejidad de la vida cosmopolita, labrar una vida espartana, simple, en la que se signifiquen los marmolillos de la cotidianidad; y, por otra parte, el encontrar en ese entorno severo los propios límites-. (Decía Ernst Jünger que la diferencia entre el anarquista y el ácrata es que el primero necesita de una sociedad que le circunde para desarrollar su prurito destructivo, mientras que el segundo busca soledad).

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Una neblina acanelada envuelve a Perdedor. Se deja atrapar, sucumbe. Es el mes de las navidades, del aroma a los turrones de la infancia. La luz brilla húmeda en los ojos de los niños. Perdedor escribe como un artesano y dibuja retratos de Pynchon. Lee Moby Dick, que de repente le parece un relato navideño. Ya no parará nunca de leer Moby Dick. Lee sumando, Melville, Thoreau, Read, Oscar Abril Ascaso, la mirada de sus hijas.

Un curioso encargo gráfico de la revista Quimera. Se trata de dibujar retratos de Pynchon suponiéndole un aspecto actual. El único material disponible sobre el que partir son las famosas tres fotos de juventud. Perdedor acomete esos dibujos y sigue con la nueva redacción de su libro “La Trastienda del Arte”. Espera poder entregarle en unas pocas semanas la nueva versión de este texto a su agente literaria. Perdedor se sumerge en los bosques del Montseny con un nuevo cuchillo de monte, el pequeñín Cudeman 135. Filosofía bushcraft, ser un hombre antiguo, un artesano del camino, comulgar con los matojos; dibujar, escribir como un artesano. Ser refugio para la familia sin dejar de ser intenso. “Hay placer en los bosques sin senderos”, decía Lord Byron.

En la mochila mapa topográfico, brújula, cuchillo, fire-steel y algo de yesca por si se tercian las urgencias, agua, chocolate, fuet, pan, frutos secos, ropa de abrigo, cuaderno de notas, teléfono móvil, un pequeño botiquín y el libro de Herbert Read. Equipaje sobrio para caminar bosque. Lo que más llamó la atención de Perdedor cuando encontraron en los Alpes Suizos a la momia Ötzi, el hombre de los hielos, fue el escueto equipo con el que el cazador primitivo cruzaba los helados montes. Un hacha de cobre; cuchillo pedernal con mango de fresno; carcaj lleno de flechas; puntas de piedra y arco de envergadura mayor que la de su estatura; setas, hongos, una docena de plantas, conocimientos, por lo tanto, para solventar el incidente del camino; pedernal y pirita para crear chispas. Ropajes de abrigo, calzado de sofisticado diseño (aunque hay quien cree que lo encontrado no era calzado sino babucha a la que amarrar raquetas para caminar por la nieve). Perdedor admiró la parquedad del equipaje de Ötzi y acató ese orden natural que reclama ser frugal al que camina. El equipo de Ötzi denota sabiduría del entorno natural, de las plantas y los animales, de los remedios y conjuros, de los útiles con los que emprender el camino. Perdedor prefiere reciclar, adaptar cualquier ropaje y utensilio del hogar, conocer lo que la naturaleza nos ofrece, antes que equiparse con marcas caras y tejidos científicos en una boutique cursi y colorista especializada en montañismo y acampada para burgueses y urbanitas aburridos.

Perdedor acompasa el ritmo de su marcha. Cincuenta al trote, cincuenta paso a paso. Es una manera rápida de abarcar grandes distancias. Ríe pensando que su escritura se armoniza con este sincopado caminar. En la nueva redacción, “La Trastienda del Arte” pasa a ser algo así como el diario de ladrón que escribiera Genet (guardando las respetuosas distancias), la historia de un vagabundo de las artes, de un albañil de los montajes en tránsito, de alguien que decide poner voz a los que no suelen tenerla. El problema es que escribir y rescribir tantas veces acaba por aturdir los sentidos literarios. Perdedor camina para olvidar que escribió la primera versión del libro en otros momentos. Tres años ha que escribiera el primer borrador. Perdedor le cogió asco a sus días y el libro fue una huída y le salió un libro huidizo. Pero ahora, dice la agente literaria, dicen las voces cultas que asesoran, hay que escribir un libro que se venda solo. Homenaje a un oficio que casi nadie conoce. El dietario de un art-handler.

-Te dedicas a manipular obras de arte en museos e instituciones, diriges montajes. Has acumulado experiencias y anécdotas a lo largo de los años. Cíñete a eso. Olvida en este libro tus diatribas sobre el hecho artístico. Ya habrá tiempo para otros libros-.

-¡Otros libros!- suspira Perdedor. -¿Quién puede imaginar otros libros?-

Perdedor camina a buen ritmo. “La mitad del camino no es más que desandar lo andado”, decía Thoreau. Tal vez debiéramos prologar el recorrido, partir sin rumbo, marchar y no parar hasta encontrar parajes desconocidos. Nunca regresar a nuestros afligidos reinos. “Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, hermano y hermana, esposa, hijo y amigos, y a no volver a verlos nunca; si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata”. (Thoreau. Caminar)

jueves, 2 de diciembre de 2010

La nueva vida de un mueble monstruo










Perdedor escribió:

Mueble Monstruo (1993) Intento fracasado de hacer una escultura.
Le perdí las ganas a la pintura. Los lienzos cada vez eran mayores como si necesitara caminar sobre ellos, o pintaba las paredes, o fotografiaba y luego manipulaba imágenes. Caminaba, dibujaba cuadernos a todas horas. Descarté casi todas las disciplinas (no sin antes probarlas). Lo mío era el acto por encima del objeto. Y tuve un atelier enorme, y galería de arte, y muchas preocupaciones. Trabajé delinenado planos para los fastos del 92. Me enamoré de P, la más lacaniana de las mujeres astur-leonesas. Y estaba cansado de naufragar un poco todos los días, de no saber que coño de artista era. -Las obras se han de explicar por sí mismas- decían los profesores. Pero a mi me salía mejor hablar de ellas que hacerlas. Muchas de las mejores cosas que pasaron en aquel tiempo se desvanecieron para siempre como el humo que fumó Duchamp.

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La Performer Carme Viñas es artista residente de la Nau Estruch de Sabadell. Ha habilitado su espacio tal y como muestran las fotos. También ha decidido convivir con la escultura fracasada "Mueble Monstruo", objeto que regalé a la NauEstruch tras mi paso por sus salas.


Carme escribe:

"Hola Lluis, com esteu?

avui, mirant el blog de Perdedor,
he vist que a Terrassa, i tal.
M´hagués encantat venir,
de veritat. No ho sabia.

Ara estic fent residència de tardor
a l´Estruch, i alguns matins vaig a
treballar al taller número 3...
Estic amb els "ángulos ciegos"...
Vine un dia a veure´m, i t´ensenyo
alguns dels vídeos que estic treballant
juntament amb la banda sonora !

Quan em vaig començar a muntar
el taller de residència,
vaig portar una catifa, plantes verdes,
vi, tabac que fa anys que està sense
fumar, fotocòpies, guixos... Una làmpara
de l´àvia...
L´Òscar em va dir que tenia una tauleta
que havies deixat tú per allí l´Estruch.
La hi vaig demanar sense contemplacions;
literalment vaig dir: "per fer caliu".
L´ôscar va somriure, còmplice, dient que
"li farà gràcia a l´Alabern, saber que la seva
taula està aquí...!!"...

Vaja, que sí. T´adjunto unes fotos, que
m´agradaria que donessin fe al teu blog,
de la vida que porta ara la tauleta...

Abraçada, fins aviat,

Carme Viñas".







miércoles, 24 de noviembre de 2010

Charla sobre performance. Terrassa






Charla en el "Laboratori Creatiu dels amics de les Arts" de Terrassa
http://laboratoridelsamics.blogspot.com/2010/11/larxiu-performatic-den-lluis-alabern.html

Fotos de Jordi Fernàndez (Laboratori Creatiu dels amics de les Arts. Terrasa. 2010)

martes, 2 de noviembre de 2010

Die Brücke

Hace unos meses, revolviendo en el trastero de Padre, esa buhardilla en la que da rienda suelta a su versión del síndrome de Diógenes, recuperé la Polaroid familiar. Una SX-70 con el cuero cuarteado y lleno de hongos. Limpié y nutrí la cobertura y admiré el bello diseño de la carcasa. La SX-70 es una Polaroid reflex con diseño plegable y compacto que supuso en su día un gran impulso para la fotografía instantánea. La cámara que redescubrí debió aparecer en casa hacia el año 78 ó 79 y nos permitió capturar no pocos instantes de la vida familiar. En febrero del 2008 Polaroid anunció el fin de la fabricación del film que usan estas cámaras, pero unos cuántos exempleados locos compraron los stocks y crearon The Impossible Project con la idea de reeditar la película, materiales y artilugios.


1982
“Lo grande en el ser humano es ser un puente, no una meta”. Lo dijo Nietszche en Zaratustra o lo dijo el pintor Heckel citando al filósofo alemán.
Le arranco el característico marco Polaroid a un retrato de mis catorce años. Busco los límites al negativo, acoto los sueños del adolescente. Todas las buenas historias empiezan en la infancia. Es algo que aborrezco como lector. Estuve tentado en más de una ocasión de abandonar un libro o saltarme páginas para llegar rápido al nudo argumental. Supongo que le tengo manía a los preámbulos, quiero meterme en cuestión lo antes posible. Hete aquí que me dispongo a escribir una historia con fotos y me quiero saltar todos los preámbulos, pero veo en la mirada de un adolescente el peso de las infancias.


Primer verano
Veintiocho años después empieza un verano. Con edad fui apreciando los preámbulos. Hay proemios sin desarrollo. Nudos y desenlaces que no llegan. Cuando la narración queda abortada el preámbulo adquiere nuevos tintes. Si uno lee con atención las narraciones que nos rodean, descubre estructuras complejas incluso en los preámbulos más obvios. Hay preámbulos que tienen preámbulo, y luego se anudan, y al final se desenlazan. Hay narraciones que no llegan y está bien que no lleguen, pues sólo fueron preámbulo. Hay puentes que unen dos tiempos alejados o se saltan el tiempo de un territorio que nos fue vedado. Ayer tuve catorce años en lejanos campos de centeno. Veintiocho años después de nuevo la segadora empaca el cereal, como han hecho siempre las segadoras.


Pueblo
Utilizo un film caducado. Polaroid cerró pero unos locos distribuyen aún los stocks antiguos. La luz quema la película y dificulta los resultados nítidos. El mecanismo de la SX-70 es sencillo a la vez que parco. Fotografío una de las vistas que oteo desde la terraza de mi estudio. Sumerjo en agua caliente la copia y distorsiono la imagen.

En alemán brücke (puente) es una palabra de género femenino. Die Brücke es mi movimiento artístico predilecto. Luego, Fluxus. Si, ya sé, extraña mezcla. Goya está a medio camino entre Brücke y Fluxus (rarísima tesis, lo sé), junto a Beuys, Tàpies, el Picasso último, Duchamp, Robert Crumb, Buster Keaton, Kiefer, Joann Sfar. Creo que esta es una fotografía muy Brücke. Mi idea de lo rural no es romántica, aunque vivir en Pueblo sea el contrapunto a los excesos de la Polis.


Piel
M duerme tramposa. Nuestro dormitorio está en el piso superior y en verano el sol del mediodía castiga el tejado. Quiero robarle el sueño pero abre los ojos en cuanto activo el disparador de la Polaroid. Los primeros minutos del autorevelado requieren de completa oscuridad. Guardo la copia en un bolsillo, mientras rozo y licuo los pliegues de la piel de M.


La foto que ríe (Lucía deconstruida)
Baño en agua que hierve la imagen en papel. Raspo ácidos y separo la membrana impresa del acetato que la sustenta. Manipulo con cuidado esa piel fotográfica. Dibujo con ella un muro que se descoyunta. Me alegra hacer fotos con las manos. Acaricio la cutícula arrebatada para tensar el rostro de Lucía y así evitar que su sonrisa se derrita. Pierdo las proporciones de su cuerpecito, se me escapan las sombras, se diluye el color, pero tengo pura acción gráfica y una fotografía que ríe.




La foto junto al tocador
En el film caducado que comercializa The Impossible Project aparecen múltiples defectos de revelado. M se atusa el pelo junto al tocador. Planteo la foto en términos clásicos, buscando el punctum y dejando que la luz defina los volúmenes. Disparo y la química del film actúa. Acepto la foto como viene. Con cualquier otra cámara estas fotos serían un fracaso. Polaroid le saca la belleza a todos los defectos. Dice el fotógrafo Joan Fontcuberta que “el acto de creación más genuino consiste en asignar sentido a las imágenes existentes”.







Retratos de brujas
Utilizo el nuevo film PX 100 Black&White que comercializan los Impossible. Mi cámara se convierte en una vieja estenopeica de finales del XIX. Amo ese tono desenfocado ligeramente sepia de las nuevas copias. Suprimo el marco blanco de las copias en papel para incrementar el viaje al pasado. A pesar de que busco una luz tardía en el frío otoño del Montseny, la claridad nívea se apodera de las imágenes borrando lo superfluo y acentuando la esencia del retratado. Mis tres brujitas son todo mirada.





Un circo en el bosque
En los expresionismos el tema siempre es externo al pintor, aunque el trazo es manifestación de su interior. No tengo una idea trágica ni sublime de la naturaleza. Centro toda la atención en el humus, en los casi infinitos pequeños instantes del sotobosque. Hay guerras y podredumbres a pocos centímetros del suelo. Pero también hay risas y riquezas. Dejémonos de tapujos y circunloquios. La foto de un circo en medio de un bosque es un canto a la singularidad. Diez fotos Polaroid pueden ser escenario y puente. A los 42 uno no debe redactar gilipolleces. Si no existe libro publicado, cae sobre el escritor el peso de un primer libro que justifique el silencio anterior. No cuentan artículos, blogs, libros que esperan en el cajón, performances, dibujos, la labor en museos… Las grandes fábulas del bosque suceden bajo las setas, en las hondonadas, dentro de cuevas y grietas de árboles, en pozas del río, pero necesitan ser narradas. Diez fotos Polaroid pueden ser escenario y puente.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mis abuelos asturianos

Un verano casi sin venir a cuento: -¿Por qué no os venís con nosotros a Laviana?-
El matrimonio joven que forman Madre y Padre recoge bártulos y nos metemos todos en un 600 camino del Nalón. Entonces se viaja en 600 o en SEAT 124. Los viajes duran diez horas, o duran 12 o todo un día.
-¿Falta mucho para que lleguemos, Papá?-
-¿Ves aquellas casas al fondo, allí, en el horizonte? Pues allí todavía no- se mofa Padre.
Son viajes con bocata y termo, mantita, emisoras de radio con olor a bigote, sin cinturón de seguridad, mojones numerados en cal y rojo, tartera, filetes empanados, mapa Firestone, carreteras secundarias, gasolina súper.

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Mi primer recuerdo asturiano es un escalón de piedra e irrefrenables ganas de pisotear una babosa. Cae esa lluvia tonta que te cae a todas horas en Asturias. Me protejo bajo no se qué árbol plantado junto al huerto. Sentado en escalón me hechiza la viscosidad que repta. Un cagarrón de unos 12 centímetros dibuja espirales de baba sobre piedra. La voz adulta explica que es un caracol sin casa; me siento profundamente violentado por el gusanoide pardusco. Es la experiencia más orgánica que he tenido hasta el momento, sólo comparable a la contemplación, manoseo y oloreo de mis propias heces. Rozo con aprensión la piel húmeda del gusarapo.

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No recuerdo en la casa de Laviana animal doméstico alguno. Gallinas hay, conejos, un gato de paso, el ladrido de perros, moscas, abejorros. A ninguno de aquellos animales le pasa nunca por mente ser doméstico. El huerto es coto del Sr.José, un biotopos asilvestrado donde los domésticos somos los que venimos de los 70’s. José y el huerto son todo uno. José es un cuerpo que se extiende, es paisaje, es brizna de hierba y tomatera. Si falta José, cuando José marcha, el huerto calla.

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Cuentan que su gestación dura 72 años y que el poco cabello que cubre su cabeza es blanco cuando por fin viene al mundo. Al nacer con orejas grandes y bajo un ciruelo le llaman Orejas de ciruelo, aunque le podrían haber llamado cara de pasa o acelga pochada porque tiene el rostro arrugado como un fruto secado al sol. Me hacen llamarle Sr.José, así que no entiendo porqué mis recuerdos disfrazan el nombre. Le recuerdo en el olvido, lo que me hace reinventar. Nada tiene que ver con Lao-tse, ni su rostro es especialmente rugoso, pero siempre que pienso en viejo me viene a la memoria el Sr.José. Tampoco es mi abuelo, ni siquiera paso con Él más que unas horas de unos cuantos veranos, pero siempre que pienso en viejo, pienso en José. De algún modo soy su primer nieto antes de que le lleguen los nietos. José me regala, sobretodo, sus silencios y un huerto.

En verdad la del rostro pochado es Rosario. José guarda tersura y color en sus mejillas según las fotos que recupero en el desván de mis Padres. José es hombre parco, jamás muestra afecto o debilidad a sus allegados. Sólo le veo llorar a la muerte de Rosario:
- ¿Qué voy a hacer sin Ella?-.

La llamamos Sra. Rosario, pero podríamos haberla llamado cara de pasa, acelga pochada, orejas de ciruelo, aunque no nació bajo frutal sino en pueblo de montaña. Hace ya cuarenta años de todo aquello. Cuarenta años ha que nacieron mis abuelos asturianos, Rosario y José.

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En Posguerra el que vive en montaña es sospechoso. Topo, maqui, contrabandista, brujo, lobo, cuélebre, terrorista. Todo eso es el montañés. Pesa en Asturias la revuelta del 34. No la olvidan los nacionales. Hay que expurgar los cerros, las andanadas, cada cueva, los bosques y sus musgos. Se persigue a todos. Primero se hostia y luego se pregunta, y como alguien rechiste se le descerraja el fusil en el careto o se le quema la casa. Atan a José y le arrastran varios kilómetros. Se lo llevan a una celda y le hostian hasta estamparle el carácter. José no es nadie, se han equivocado, no esconde nada, lleva un jornal a su familia, sólo es minero curtido que camina muchos kilómetros todos los días. Jamás perdona. José ya no puede perdonar nunca a nadie con uniforme; pero guarda silencio.

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-¿Puedo matarlo, puedo matarlo?
El Sr. José sujeta un conejo por las patas traseras, suspendido cabeza abajo. Me pasa el martillo. Yo le he visto hacerlo cientos de veces. Coger el martillo por la cabeza y con el mango de madera zas!zas!, asestar certeros golpes en la nuca del herbívoro. Luego despellejar con pericia.
-¿Puedo matarlo?-
-Está bien “fillo”- contesta José.
Alza el conejo asiéndolo por las patas. El conejo se espasma. Preparo el martillo. Zas! Primer golpe insuficiente. José aferra mi mano. Su zas, nuestro zas, ese nuevo zas acaba el trabajo. José marca al peluche con navaja, dibuja las incisiones del despellejamiento.
-Sigue tú- dice
Tiro de la piel girándola, notando el calor último de los músculos rosas que hace unos minutos comían pienso en su covacha. Siento un orgullo que sólo puede sentir el niño de ocho años que ha matado por primera vez un conejo delante de su héroe.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La Nada del noveno mes

A una distancia de unos tres o cuatro metros, un jabalí adulto pero de pequeño tamaño, cruza el camino por el que troto. Cada uno ha seguido su recorrer sin a penas alterarse. Me cuentan en Pueblo que hay muchos jabalíes este septiembre, que están acabando con los cultivos, que van a tener que organizar una batida para eliminarlos. Los celtas consideraban al jabalí símbolo de autoridad espiritual del bosque, recogían la tradición hiperbórea que congrega jabalíes con druidas. En contraposición, el oso simbolizaba el poder terrenal de los guerreros. El jabalí, si atendemos a la prehistoria según la cuenta el teósofo René Guenón, nos remite a una cultura temprana que abandonó el Norte para dispersarse por Asia y Europa. Es probable que la asociación alegórica entre druida y jabalí tuviera que ver también con el carácter eremita y solitario de los druidas, que pasaban largas temporadas aislados en los bosques. Salir en batida a la caza del jabalí puede tener una lógica ecológica pero, ¿transgrede algún orden mágico? Sólo la caza con cuchillo y camada de perros parece honrosa. No siempre jabalí y oso se enfrentaban en la simbología arcana, sin ir más lejos Merlín y Arturo representan la afinidad de ambas tradiciones. Cuando atardece en el bosque de los septiembres, siento nada. En el bosque de los septiembres lo único importante es sobrevivir al apellido.

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Tengo en la piel profunda dos tatuajes que nunca me he llegado a hacer; en la espalda el lema del Nautilus: “Mobilis in Mobili”; en el hombro, calavera con la rúbrica “Performance”. Si me hiciera otro no tatuaje inscribiría en un antebrazo la faz de “Porco Rosso”, personaje de animación creado por Miyazaki. “Porco Rosso” es trasunto de Corto Maltés, aunque piloto de hidroaviones en vez de marino. Vuela sobre el Adriático deshaciendo entuertos con piratas y contrabandistas. Caza recompensas salvando barcos secuestrados, rescatando rehenes. Es un fuera de la ley que vive periodos de descanso en una isla desértica rodeada de acantilados. No atesora más patrimonios que un hidroavión rojo, choza, tumbona, una radio que le mantiene conectado a las noticias del mundo y a peticiones de rescate…vive bien. Es libre. Le gustan las mujeres, la bebida, el buen comer…tiene un amor imposible…es hombre de honor encerrado en maldición: mitad humano mitad puerco (“prefiero ser un cerdo que un fascista”-grita renunciando a recobrarse cuando le invitan a formar parte de las cuadrillas del fascio que han marcado con sangre su destino). Artesano del vuelo, fiel a un estilo de vida antiguo.

Cuando estoy en el bosque, al atardecer, siempre que veo puercos, siento una insondable emoción de nada. En el bosque lo único importante es estar, la tranquila aceptación de todo lo que acaece.

Chateo con mi amigo Jesús que lleva año y medio en Alejandría. Vive en hotel con vistas al desierto. Dirige el montaje de una fábrica. Tiene para seis meses más. Cuando no trabaja dedica el tiempo a estudiar (se instruye en las ciencias del bosque, para dejar de ser ingeniero). –Sino estudio, miro el desierto por la ventana. Aquí he entendido que no hay nada que hacer. Nada-

Desde el ventanal del estudio se ve un bosque de ramas batidas por los primeros vientos. – Ya veréis, en otoño se caen todas las hojas de La Tordera, entonces, el panorama de montañas queda al descubierto- cuenta Ramona, vecina anciana que admira (no sé si con cierta sorna) nuestro pequeño huerto junto al río. Desde el ventanal del estudio pienso que el bosque de los septiembres veda las palabras a los perdedores. No hay nada que escribir. Me sirvo la última copa de ratafía. Acabé con las existencias. Abro el usado Tao que adquirí en el 89. Borro todas las anotaciones que garabateé en sus páginas. Lo devuelvo a la nada. Sólo una flecha en rotulador se resiste a ser borrada y señala:

“Una estrategia de la antigüedad dijo:
Yo no oso tomar la iniciativa,
Prefiero esperar.
No me atrevo a avanzar un palmo,
Antes prefiero retroceder un pie”.

martes, 31 de agosto de 2010

Humus Gràfic (Video)


La poetisa Roser Amills, a la que sigo en todos sus funambulismos, ha tenido la amabilidad de crear este video con los detritus gráficos de Perdedor.
http://www.youtube.com/watch?v=PJgpY53QlrM

viernes, 13 de agosto de 2010

El Gorg Negre


Hay una frase del cineasta Herzog que me tatuaría: “La vida está mortalmente encendida o mortalmente apagada”.

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10 de agosto. Sant Pere Pescador. Alt Empordà.
Playas largas de arena fina. Marismas inundadas por el Fluvià. Kitesurf, holandeses, lozanías, cuerpos bellos. Leo a Mark Everett, bebo crema de whiskey con hielo, escucho el hilo musical del chiringo La Perla Negra (hip-hop, Kurtney Love, Seattle…). Estoy bajo bandera pirata, tela que ondea en el mástil. Inglés, alemán, italiano, ampurdanés…en patria pirata se hablan todas las lenguas y ninguna, se conversa el chapurreo. A M las dunas le traen el recuerdo de las arenas de Cádiz, blancas tierras de Los Caños de Meca, donde nos amamos y el destino nos regaló a Lucía.
En La Perla Negra se respira pirata pero de una manera más sana que en Los Caños, quiero decir que no se ven tantos jonkies como allí. El público de estas costas es más nórdico, parecido al de Mallorca y Menorca. ¡Oh, maravillas! ¡Suenan The Cramps! ¡Pure R&R, pure performance!

Por la noche, paseo por el frente marítimo de La Escala. Bebemos mojitos con los pies descalzos. Hay parejas que se crispan en verano. A nosotros el mar, los mojitos y las charlas largas con los pies descalzos nos acercan. Diez mil veces me tumbé sólo o en compañía en las playas de la adolescencia para ver estrellas fugaces, constelaciones, leerle el destino a las manchas de la Luna. Pero fue M la que me habló por primera vez de la noche de las lágrimas de San Lorenzo, esa noche de agosto en la que el cielo se desmorona para llenar de estrellas en fuga la mirada de los melancólicos.

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Sant Pere Pescador, un urbanismo incoherente y feote. Tiene sin embargo el encanto de convivir con el río Fluvià. Navegable a su paso por la población, permitió durante siglos que los pescadores vivieran alejados un par de kilómetros de las inclemencias del mar. Son estas, tierras de fuertes vientos, de tramontanas que te vuelven tarumba. Lógico que surgiera un pueblo de pescadores al amparo de los vientos.
Se prodigan, por otra parte, los cultivos de manzana. La mano de obra es norteafricana. Algunas calles de Sant Pere recuerdan a Tánger. Hay cuatro o cinco variedades de manzana que han hecho fortuna en los comercios mediterráneos. El miércoles es día de mercado. Aun no se ven manzanas, falta poco para su cogida. Bullicio y turisteo. Rusos, franceses, holandeses cargando bolsas con baratijas, legumbres y ropa manufacturada en China. El mercado ocupa una extensión enorme, hay más de trescientos tenderetes, pero se tiene la sensación de que todos los vendedores pertenecen a la misma familia gitana.

A las doce los vientos no deben ser demasiado favorables, La Perla Negra está vacía, no hay ni un kitesurfista. Daniel, al que supongo propietario del chamizo, opta por sonidos newage-chillout-post-resaca. Musculatura de kitesurfista, padre de un morenito de año y medio que gatea entre las tumbonas y hamacas. Esposo de una bella que se aburre. No se dedican ni un afecto; pareja agotada. Son jóvenes, bellos, pero algo les cansa.

Leo sobre las desventuras de los fotógrafos del Vietnam. Tim Page, Sean Flynn... leo sobre Denis Hopper inspirándose en ellos para su papel en Apocalipse Now. Acabo la autobiografía de Mark Everett, líder del grupo Eels. Leo el horóscopo de la semana. Anuncian malos tiempos los astrólogos. Auguran una época de mediocridades, tensiones y grisuras para mi signo. Un marino no puede temer-me digo. A la una y media la playa está llena de surfistas. No se si antes o después de que aparezcan los vientos, el caso es que aquí están de nuevo las cometas. Fotografío con la Rollei 35 y con la Lumix de Panasonic; no se qué volátil paraíso quiero atrapar.

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Escargot, periodista gonzo y amigo, dice escribir bajo los efectos de pastillas y tequilas. Dice también que cuando encuentra un filón literario no hay quien le pare, no hay sueño ni convenciones sociales que le paren. Se entrompa, se droga para no dormirse y sacar rendimiento al filón. En alguna charla en las tabernas del Raval, cuando le vence el alcohol y empieza a gritar: -¡Escargot es punk journalist, y Perdedor, periodista buzo!-, en esas horas, le da por contarme el miedo que tiene de no poder escribir bien si no va totalmente colocado.

Bebo el tercer chupito de ratafía de la noche y escribo.

Acabaron los días en la Costa Brava. ¿Aportarán algún día las olas, el manuscrito que contiene la historia completa de mi vida? “¿Quién ha logrado nunca sondear las profundidades del abismo?”-preguntó hace seis mil años el Eclesiastés y hace siglo y medio Julio Verne. Pues eso, la literatura performance no tiene porque ser una literatura del yo, pero si una literatura en la que el acto se pervierte para que lo que acontezca genere escritura. Se acabó la estancia en Tamariu, en estas tierras donde una vez se aisló Josep Pla para vivir la vida de los pescadores de Fornells.

Perdedor no tiene un método para ser performer. Su arte carece de protocolos. Vive, pasan cosas. Mira, actúa. Escribe, dibuja. Perdedor no sabe cómo es. Simplemente es. Su manera de ser artista es ir directamente al arte, sin pensar en el arte. No siempre fue así; pasó años ideando, gestionando, proyectando designios que nunca se cumplían. Se perdió tantas veces que entendió que el suyo es un arte del perder. “Escribir es, a veces, como poner levadura en una masa: no hay que hacer nada, excepto dejar que las palabras hagan su trabajo. Y hay que tener cuidado, porque lo harán con eficacia aterradora” (Frutos extraños. Leila Guerriero, 2009). Pues eso, se acabó un trozo de verano, el que pasa en la Costa Brava, y Perdedor se quedó seco de palabras.

Perdedor odia viajar para acumular postales y apariencias. Sólo admite el viaje como método para acumular rutinas e intensidades. Eso le libera de la actual necesidad de coleccionar viajes. Odia los veranos que sirven como descarga del resto del año, los estíos que justifican las penurias y angustias del invierno. Son muchos los allegados que se sienten avocados a la necesidad del viaje. Perdedor admite viajar a donde le lleve el azar, con la única condición de fomentar la cesión entre el lugar y el cuerpo íntimo. Si visita una población que no conoce, quiere desayunar en sus cafés, hojear periódicos locales, entablar conversación, trabajar con sus braceros y artesanos, comprar en los mercados, aburrirse al ritmo de las usanzas y querencias del lugar. A Perdedor le agradan los viajes accidentales, esos que provoca el curso de los acontecimientos, o las rutas en automóvil sin rumbo fijo, o las caminatas largas por el monte. Lo más paradójico es que Perdedor vive donde otros veranean, pero odiaría ver con la mirada de los veraneantes. Perdedor lleva seis años en simbiosis sanguínea con los paisajes cercanos a Pueblo.

Al poco de regresar del primer curso de la vacación en la Costa Brava, llueve. Tormentazo. El agua empantana los campos tres días después de la Luna llena. La Tordera recupera parte del caudal perdido con los calores, los bosques se anegan, los torrentes bajan del Montseny e inundan los pueblos del Maresme. La espectacular Riera de Arenys, se lleva el coche de algún turista imbécil. Perdedor sale a trotar antes de que empiecen las precipitaciones. Corre hasta el Gorg Negre. Se desnuda y se zambulle en las frías aguas de La Tordera. Ve la garganta de piedra y la poza oscura trasformadas en un jardín de libélulas negras. Cientos de libélulas espiando el baño de Perdedor, al que le da por pensar que esos insectos antediluvianos son una extraña forma de la Belleza. No echa de menos los baños profundos en las calas bravas del Mediterráneo; las hadas negras le acogen. Algunas libélulas vuelan con alas tornasoladas que azulean. Perdedor está tan emocionado que busca su sexo para endurecerlo. Hay algo primitivo en el cuerpo desnudo de un hombre maduro que busca erección entre bosques y hadas negras. Llueve. Nada puede ser más perfecto. Perdedor corre entre matojos, robles y pinos viejos.

domingo, 25 de julio de 2010

Apnea

Tamariu 2010. Foto: Maria Alabern


Los viejos del Mediterráneo son los encargados de no olvidar las cosas modestas. Son ancianos que huelen a cordaje de cáñamo, a nudo prieto desgastado por las mareas.

Todas las mañanas corro una hora hasta Cala Pedrosa. Allí me desnudo y me lanzo a las frías aguas. Buceo en un abismo de 20 metros, vuelo sobre rocas y bancos de peces. Los celtas buscaban los extremos del mundo pues sabían que en el Finisterre el encuentro con los dioses era ineludible. Por eso examinaban los silencios del mapa, los desgarros del paraje. En este final de paisaje que ofrecen los acantilados de la Costa Brava, observado por gaviotas y albatros, tras el trote por el camino de Ronda, viene a mí la escritura.

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Escribir un relato desprovisto de artificio, casi sin personajes, en un paisaje hondo. Ir a la contra de esos relatos repletos de citas y metaliteraturas que le salen, incluso, a esta novela. Escribir un relato “clásico”. Situar la acción fuera de tiempo. Había una vez un relato. Había también un paisaje, dos personajes. Sucedieron cosas y nada volvió a ser lo mismo.

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17 de Julio.
Perdedor nada desnudo, tranquilo en estas aguas frías pero calmas. Le hablo de mis infancias mediterráneas, del recuerdo de las lozanías. Perdedor codicia los nortes, los bosques, los círculos. Sin discutirle, conduzco la charla hacia esos pinos que le brotan al roquerío. Perdedor habla de veranos asturianos, de pallozas y de hórreos, de la mar cantábrica y de un camino que va a Santiago. Pero le reclamo que entrevea más allá de las brumas y conmemore la fiesta mediterránea de su adolescencia. –No te engañes, allí, en Santiago escondieron los iniciados un camino que va al Oriente- respondo.-No creas que el norte está muy lejos de un sur que conoces. Piensa en ello. O mejor, no pienses, asiente y fluye-.

-En verano es insultante el recuerdo de las lozanías- dice Perdedor.-Duele el hedonismo que nos es vetado-

-No seas necio-le digo.-En este sitio de lozanías y burguesías acomodadas, aquí precisamente, es donde veo que tu lugar está entre marinos viejos y detalles modestos-

Nadamos tranquilos, flotando sobre abismos. Perdedor frunce el ceño. La meditarreneidad no se hereda, decía Matvejevic, se alcanza.

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21 de Julio.
El silencio del mapa. Buen título. Había zonas desvastadas en los mapas antiguos donde reinaba lo ignoto. Nadando sobre abismos que se oscurecen, observado por gaviotas que se resguardan en los salientes del precipicio, pienso en las zonas sin nombre de la biografía de Perdedor. Como a los exploradores del ayer, me atraen las zonas desconocidas, los paisajes no dibujados.

Hoy cambié los órdenes. Acabé corriendo y sumergiéndome en las montañas invertidas de Cala Pedrosa, por que el día empezó con padres y suegros. Madre y Padre aparecieron a media mañana. Vestidos de blanco. Magos, casi perfectos. No quisieron baños de sol ni remojones en la playa. Antes, hacia las diez, vinieron los suegros. Con Manuel buceamos las rocas de la Platja dels Liris, buscando mejillones. Maruja nos preparó los moluscos al vapor, ensaladilla rusa, pollo salseado en aceite de oliva. Los abuelos vinieron a ver a sus nietas, a mirarles la alegría y besuquearles la piel tostada. Fue lindo el día. Con Padre paseamos por el malecón y hablamos de trabajo: -Estas en un buen momento. No bajes la guardia. Es en los próximos diez años cuando verás eclosionar tus éxitos. Luego viene el declive- . Las niñas copan la atención de todos. La pequeña Lucía dice que habla dieciocho idiomas: -Català, castellano, inglés, sombrilla, toalla, arena…- Marieta nada como delfín. Es niña a unas lentes de buceo pegada. Recolecta mejillones con nosotros, busca piedras singulares, hace volteretas bajo el agua.

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Hubo un tiempo en el que contemplé la posibilidad de trabajar un oficio de veranos. Obtener la licencia de patrón de barcos, atender la barra de un chiringo playero, vender artesanías. Eran años de incertidumbre laboral, en los que no sabía sacarle réditos al bagaje. No cuajó aquella inercia, por fortuna. Veo fastidio en las caras de no pocos camareros, de los instructores de buceo, de la cajera en la tienda de ultramarinos. Veo el hastío. Es un mal extendido por la geografía turística mediterránea. Propietarios, minifundistas, nietos de pescadores, viven del dinero foráneo y al tiempo, les asquea todo lo extranjero. Todos somos, por otra parte, forasteros para ellos. Les jeringa el paisaje, la calma, el goce. Aprenden o heredan la capacidad de no ver, cortan la comunión entre cuerpo y entorno. Es algo que no les ocurría a sus abuelos, artesanos antiguos, pescadores, albañiles de piedra, teja y cal. Mucho me temo que haya que venir del norte para apreciar en gran medida las texturas del mediterráneo. Este falso proletariado de las costas se predispone a “hacer temporada”, han olvidado las cosas modestas de la mar y los bosques, trabajan en horarios infames, odian el sol y raramente se bañan en las mismas playas donde nos bañamos los forasteros. No hablo de las clases más humildes, de los que vienen de lejos a ganarse un jornal. Hablo de esos empresarios de tres al cuarto que se disfrazan de obrero, esos que tuvieron un abuelo pescador en tiempos en los que por aquí su casucha y su barca nada valían. Esos que vieron cambiar la economía del lugar con la llegada del bikini, olvidaron el lazo con el paisaje, relegaron la piedra y la teja, cimentaron un infierno de hormigón y ladrillo. Esos que roban al huésped y miran de reojo al foráneo. Jamás hubieran descubierto que vivían en un paraíso si no hubieran venido fenicios, griegos, las invasiones romanas, los marinos, los rabinos, los piratas turcos a contárselo. Si fuera por ellos esta seria tierra hostil de contrabandistas huraños. No quieren aprender que en el mediterráneo cabe todo, que es un mar eje alrededor del cual gira el mundo.

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23 de Julio
Lucía ha pasado mala noche. Unas décimas nos alertaron de los fríos que tanto remojo ha debido provocarle. Como arrecia tormenta y el sol no aparece, nos vamos a visitar pueblos de piedra. Peratallada, demasiado turístico. Palau-Sator, refugio donde esconderse. Torroella de Montgrí, el mejor trazado urbano del medievo catalán. Por la tarde dejo a las chicas en la playita de Tamariu y me voy a correr el Camino de Ronda. Les trones, la Bassa, L’avia Catalana. Calas de roca que conducen a los acantilados de Aigua Xelida. Corriendo por los escarpados paisajes vislumbro mi carrera de escritor. Cierto que soy un creador Tao, que me adapto al camino y a los medios que este me ofrece. Dibujo cuando toca dibujar, fotografío, recolecto piedrecillas, afilo navajas escandinavas. Pero hay algo en el escribir que lo aglutina todo. Soy performer, marino, corredor de fondo, artista-que-corre-con-navaja-y-lápiz. Pero ya tengo dos libros en marcha. Uno lo ha leído todo el mundo, y habla de trastiendas, de museos, del camino hasta llegar al arte menor. Es un libro con diversas versiones, que tiene web y perfil en el facebook. Un libro que existe y tiene vida, aunque no esté publicado. El otro lo escribimos a medias con Perdedor, y es un torrente que se desborda, es una novela orgánica en la que los personajes envejecen, aman, tienen fiebre, se divorcian, mueren; las estaciones se suceden, cambian los paisajes, hace frío cuando nieva, y se suda al correr o cuando cae la canícula. Es una novela perpetua en la que se come, se bebe, se duerme, se folla, se cantan nanas, se navega…

Nado completamente desnudo sobre los precipicios de Cala Pedrosa. Aguanto la respiración bajo el agua para poder hablarle a Perdedor. Le cuento lo de la escritura.

-¿Sabes cuáles son las claves de tu fracaso?- digo.

-Uno. No haber afrontado directamente el fracaso. Siempre te acompañó la certeza de que un encadenamiento de fracasos acabaría por llevarte al éxito. Puritito embuste zen.
Dos. Caminaste por la tangente, buscando las notas virtuosas en las cuerdas más extremas del violín. Le diste vueltas requetevueltas a la tuerca.
Tres. Falta de talento. Esta es la más difícil de admitir. Todavía no lo has hecho-.

-Hay que salir de la ruta para encontrar la ruta- contesta Perdedor.

-Cierto. Escogiste la tangente, pero no lo hiciste siempre con gozo-

-Si tuvieses una habitación, un espacio ínfimo pero exquisito donde mostrar, ¿qué arte mostrarías allí? Si tuvieses un haz de páginas en blanco entre dos tapas de piel negra, ¿qué distinguido y pulcro libro podrías dibujar o escribir? Si tuvieses un instante vacío, ¿con que delicada acción podrías profanarlo?- pregunta Perdedor.- A veces me parece imposible conseguir un arte tan preciso-

-No hay secretos, Perdedor. La más exquisita de la acciones, una caricia. Un susurro, el mejor de los sonidos. Una línea a lápiz sobre Din A4, un formidable dibujo. En una habitación vacía una mesa. Sobre la mesa un dibujo. En el dibujo una línea. En una habitación vacía una cama. Junto a la cama una cortina de seda. En una habitación una línea, una frontera. Entre dos tapas negras los recuerdos de una lozanía que se desvanece. En una habitación vacía el ruido de tus órganos al envejecer-

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El Mediterráneo es preciso hasta en sus alimentos. Es en los platos pobres donde más mediterraneidad se le escapan a estas costas. El trigo vino del interior del continente, pero el pan se consagró en estas orillas. Lo dice Matvejevic en su Breviario Mediterráneo, pero es fácil corroborarlo hasta en la Biblia. Baste el verter un chorrito de aceite de oliva en un plato de loza blanca, empapar en ese aceite un trozo de pan y almorzarlo. Acompañar este sabor esencial con un vaso de vino tinto. Estos son los sabores cardinales del Mediterráneo sobre los que se han fundado religiones y culturas. Por otra parte, al Mediterráneo no le ha costado adquirir sabores exóticos hasta hacerlos suyos: Tomate, patata, arroces, azafrán, cebolla, ajos. No tengo claro en que consiste eso que han dado en llamar dieta mediterránea. Cantan los nutricionistas las excelencias de una cocina que contiene un poco todas las cocinas del mundo. Pero tengo claras las cosas esenciales en este Mediterráneo: un círculo de loza, unas gotas de aceite, un trozo de pan, un poco de vino tinto.

Mediterranée! Ton monde est à notre mesure.
Blond berceau bleu où balance la certitude.
La terre latine ne tremble pas.
En toi les mondes se polissent et s’humanisent

Albert Camus

(Mediterráneo el tuyo es un mundo a nuestra medida
Rubia cuna azul en donde se mece la certidumbre
La tierra latina no tiembla
En ti se pulen y humanizan los mundos)

domingo, 4 de julio de 2010

32 boyas


                          Acción: Nado silueteando las 32 boyas del puerto, en Calella de Palafrugell

lunes, 21 de junio de 2010

La lógia de los aceros menores

Un claro en el bosque. Doce figuras en círculo acogen a Perdedor. En la oscuridad siempre hay que ser doce. Son maestros en el acero y las artes antiguas. Es la noche de Jano. Se abre la puerta del solsticio. Habla Perdedor:

-“Antes que nada quisiera agradecerles el haberme permitido entrar en este foro con tan pocos méritos en mi haber. Desde pequeño fui instruido en los pormenores del acero. Aunque nací en el mediterráneo, gran parte de mi educación se labró en los bosques y montes de los Picos de Europa. Realicé largas caminatas con Padre por aquellos parajes, pero también por la sierra castellana, los bosques cercanos al barcelonés y el Baix Empordà. Los veranos en Asturias marcaron mi carácter y el apego a la naturaleza. Luego vinieron los diversos periplos de la vida. Viví en Madrid, en Barcelona, intenté hacerlo en Oviedo y Londres con poco éxito, viajé media Europa, China, Japón, un poco el norte de África, mucho el mediterráneo…Fue Padre el que me inició en el culto al acero. No recuerdo, de tan pequeño que era, el día en el que me regaló mi primera navaja. Él siempre fue devoto de las suizas multiusos, aunque atesora un bowie knife desde hace treinta años, que por otra parte, jamás le he visto utilizar. A mí me interesan las multiusos, tengo varias, nunca me separo de la Leatherman en horario laboral y la Hunter de Victorinox me acompaña todos los fines de semana. Tuve un puñal de niño, al que mis tutores le quitaron el filo. Era un juguete de empuñadura en plástico que aún guardo con afecto. Cortaba ramas, construía cabañas, lo ataba al cinto en cada excursión y soñaba con él una vida feroz en alguna selva remota, o en un mundo postapocaliptico en el que retornábamos a las cavernas. Conan el Bárbaro y Tarzán, la película de Alan Ladd, La novia de acero, el aleccionador relato de las aventuras del cazador Dersu Uzala, hicieron el resto. Bueno, también Shackleton, el film Los Vikingos de Richard Fleischer, el Madelman trampero, la pintura de Rockwell Kent, Jack London, Faulkner, Melville,...

Hace seis años que vivo en un valle del Montseny en contacto con florestas antiguas, llenas de leyenda e historia. Corro, me pierdo semanalmente en estos parajes, aunque trabajo en la urbe. Dos o tres veces al año subo a los Pirineos. Viajo sin muchos planes, siempre dispuesto a descubrir lo que el azar tenga a bien mostrarme. He ido trazando una suerte de decálogo del uso de los aceros a lo largo de estos viajes y caminatas que quisiera someter al criterio de sus honorables vuecencias en noche tan hechizada como esta:
1.-Leatherman sólo en horario laboral. (He tenido dos Wave, son extraordinarias, pero las vinculo al trabajo y no quiero saber nada de ellas en el tiempo de ocio).
2.-En las salidas al bosque utilizo navajas de monte, aunque espero hacerme pronto con un cuchillo escandinavo.
3.-Jamás mezclo el acero con la bebida, ni con salidas nocturnas, mujeres, reyertas. (En los viajes comprobé que la mejor arma es el humor, la paciencia, la templanza. En el bosque, el monte y la mar, los amigos fieles son el sentido común y el esfuerzo. Por la noche, los aceros mejor dejarlos en casa. Las pocas veces que me he visto enredado en alguna trifulca, lo resolví con un empujón, el ceño fruncido o, simplemente, apartándome de la escena. He sido educado para ser fuerte y resistente, pero no bravucón).
4.-Nunca tuve un arma de fuego en mis manos. (A estas alturas, con 42 años, ya dudo que alguna vez suceda). Pero no imagino los días sin un acero cerca. Respeto y defiendo a los cazadores tradicionales, pero no concibo la caza como deporte.
5.-Me gustan los aceros pequeños y manejables. (No suelo verme envuelto en situaciones de supervivencia extrema ni me he tenido que enfrentar a animales o enemigos peligrosos. Alguna vez me perdí y tuve que socorrer heridas leves. Nunca falta un kit de primeros auxilios en la mochila. Por lo general, todos los animales con los que me he cruzado han huido al verme. Los aceros pequeños son discretos y han respondido bien a las rutinas del monte y la costa).
6.-No mato bichos si no es imprescindible. No juego con las plantas y árboles, no corto nada que no sea necesario (aunque a veces tallo alguna figurilla de madera, debo reconocerlo). En épocas y lugares de riesgo no enciendo fuego. (En la mochila, por eso, no faltan pedernal ni cerillas; tampoco mapa topográfico, brújula, agua, víveres y ropa de abrigo, cuaderno de notas, algún buen libro, la foto de mis hijas, el teléfono móvil,…)
7.-Saludo a todo el que me encuentro. Siempre estoy dispuesto a entablar conversación en el camino. Sacar la navaja y cortar un trozo de queso y longaniza sella amistades.
8.-En medio del bosque, en lo alto de una colina, bajo el mar, con un acero en las manos, algo muy antiguo late en cada uno de nosotros.

9.-Mi navaja preferida es la Eka Swede 8 lite que compré por correo a un cuchillero toledano; buena compañera es la Hunter de Victorinox, multiusos suiza con una sierra perfecta para talar maderas. Adquirí tras un encuentro con jabalíes, un Storm Muela, un cuchillo táctico de filo negro de la acreditada casa Muela. Dictan las tradiciones mágicas del bosque, que hay que tener un cuchillo negro para atraer potestades.
10.-Busco un buen cuchillo escandinavo (pequeño, resistente). Con ese cuchillo en el cinto, cuando llegue el momento, iré al encuentro del norte”.

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-Usted, abuelo, ¿siempre lleva una navaja encima?- oigo que pregunta una nieta treintañera. El abuelo saca una albaceteña de mango nacarado, muy desgastada por el uso. Pero no la abre. – ¿No le gustaría una de esas multiusos, con tijeritas y todo?- infiere el que supongo es yerno. No oigo la respuesta del anciano pero niega con la cabeza. Me ha sorprendido la conversación en uno de los bares a los que acudo a leer la prensa dominical. Desde la mesa en la que despliego los periódicos, sólo veo el cogote del anciano. Rasurado, de piel áspera y morena. Un viejo de campo, acólito de los aceros menores. El periodismo buzo tiene estos caprichos. Cuando uno escribe en buzo, a menudo es la suerte la que acude a socorrer la crónica estancada.

Todos los viejos de campo llevan navaja en el bolsillo. Siempre habrá un matojo que segar, una rama que amputar, una cuerda que acortar, una hogaza de pan, un trozo de queso seco, algún embutido.

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Perdedor es artista de acción, o un artista de la acción si se prefiere, un performer que camina y corre bosques con navaja y lápiz en el bolsillo. No se me ocurre definición que mejor precise a Perdedor. Artista-que-corre-con-navaja-y-lápiz.

Conocemos artistas que caminan. Roman Signer (Appenzell, Suiza, 1938), uno de los artistas más libres del mundo, cuenta como base de su formación las largas caminatas por la montaña con su padre. Signer hace saltar por los aires una tienda de campaña en la que se acaba de alojar, tira por un puente una maleta atada a un peso, fotografía el humo de una explosión dentro de sus botas de agua, pero son las caminatas las que le previenen del elemento extraño con el que ejecutará su arte. -“Me interesa lo efímero porque es una forma de tiempo que me intriga (…)”-. Francis Alÿs, Richard Long, Rirkrit Tiravanija, Stanley Brouwn, Hamish Fulton, el director de cine Werner Herzog, el escritor Bruce Chatwin, son artistas que hacen camino, creadores cuyo arte no existiría sin el transitar. Pero, ¿hay artistas que corran? ¿Hay artistas que corran con una navaja en el bolsillo?

Correr es una forma de tomarle el pulso al paisaje. Es muy parecido a caminar aunque implica un mayor compromiso físico con el sitio. El lugar es cuerpo. Si además llevamos navaja, transitar, aunque sea al trote, sobreviene oficio antiguo. Es lógico en Perdedor, cuyo modelo son los artesanos antiguos, caminar y correr bosques con navaja y lápiz en el bolsillo. Dibujar, cortar con el acero, amasar humus y arrancar bulbos, cargar piedrecillas en el macuto, recortar fotos de prensa, archivar recortes, desplegar mapas… Perdedor necesita un arte que conecte directamente la cabeza con las cosas, sin intermediarios. El cuerpo, las manos, son el vehículo de comunicación más apropiado. El lápiz, la navaja, apéndices de dicha inmediatez. El arte de Perdedor es más sensual que retiniano.

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Roman Singer me descubrió al escritor Sergiusz Piasecki y su novela El enamorado de la Osa Mayor. Piasecki fue escritor de acción, un hombre que caminó y corrió en la frontera entre Rusia y Polonia contrabandeando hasta ser detenido. Condenado a la pena capital, esta le fue conmutada por quince años de reclusión. En la cárcel escribió El enamorado de la Osa Mayor, donde explica las desventuras de su etapa contrabandista. Consiguió publicar la novela gracias a la vista gorda de los carceleros y la connivencia del novelista polaco Melchor Wankowicz. Se publicó en 1937 con tanto éxito, que la población polaca organizó un plebiscito para pedir su excarcelación. Tras la invasión alemana, Piasecki fue evacuado y se esfumó. Al final de la Guerra reapareció en Inglaterra. Todo indica que murió alrededor de 1964 en Inglaterra, aunque se desconoce el paradero de sus restos. En su blog el escritor Alberto Infante (www.albertoinfante.com/libros-con-cuerpo-y-alma) dice que El enamorado de la Osa Mayor es una ‘novela de acción’. “Pero es mucho más que eso. Es una novela de frontera. Una frontera hecha de bosques, lagos, alambradas, valles y ciénagas; de expediciones de contrabando; de noche y neblina; de mujeres fuertes, tiroteos y delatores”. Los contrabandistas de El enamorado de la Osa Mayor son hombres que corren, sin más armas que la navaja en el bolsillo (en el momento en el que aparecen las pistolas, las cosas se complican), artesanos que matutean atravesando bosques nocturnos y saciándose de vida. Piasecki lo escribe en uno de los mejores inicios de novela que nunca leí: “Vivíamos a cuerpo de rey. Bebíamos como cosacos. Nos amaban mujeres de bandera. Gastábamos a espuertas. Pagábamos con oro, plata y dólares. Lo pagábamos todo: el vodka y la música. El amor lo pagábamos con amor, el odio con odio”.

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Gram, Durendal, Joyeuse, Excalibur, son los nombres de los metales señores que forjaron la leyenda europea. Los aceros menores nunca tuvieron quien los nombrara y, sin embargo, reinaron en los bosques desde la antigüedad. Perdedor, que ha cerrado dos ciclos de vida, que desde la infancia se acompañó de navajas y pequeños puñales, ensalza a los aceros menores como el Borges al que se le llenaban los poemas de gestas y espadas, de tigres, gauchos y cuchillos.

“Soy la memoria de una espada (…)
Soy el que envidia a los que ya han muerto”

La narración gráfica

lunes, 31 de mayo de 2010

HUMUS-PERFORMANCE II


Compañera en el Museo de Montjuïc, inteligente y audaz tertuliana, Tastaolletes asistió a la performance-despedida en la NauEstruch, y lo relata en su blog de crónicas culturales. Muchas gracias.

http://tastaolletesdart.blogspot.com/2010/05/humus-estruch.html



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Por otra parte la performer Carme Viñas me envía estas fotos de su acción en la Nau Estruch. En Humus-Performance hablé de la negativa a tener un arma de fuego en mis manos (otra cosa diferente, es mi amor por las navajas nórdicas y los cuchillos escandinavos). Carme, muy atenta, perspicaz y fuerte como siempre (hace más de 15 años que nos conocemos), tomó el relevo con una performance que me recuerda al magnífico libro de Mathias Enard (La perfección del tiro). ¿Carme dispara a sus miedos?





"Vas pinzellar la teva por al no saber què podries arribar a fer amb una arma a les mans (Performance-Humus II).
Jo vaig treure de l´armari l´arma. I vaig apuntar: moments meravellosos d´elecció i concentració... I vaig disparar.
"Actitud de defensa" i la possibilitat del dispar".
(Escribe Carme)

jueves, 20 de mayo de 2010

HUMUS-PERFORMANCE


Quisiera meter un elefante en los locales de la NauEstruch, o llevar a cabo un aquelarre en los campos colindantes; diluir la materia de todos los materiales expuestos y con el barro gumoso amasar una bola. Quisiera desnudarme por completo y salir paseando por las calles de Sabadell; regresar a mi casa de las montañas, empujando la bola. Hacer un arte bola.

En la NauEstruch, el próximo viernes, a eso de las 19,00 horas, performance sobre conflictos dionisio-apolíneos, sobre la fuerza descomunal de las artes desbordadas. Me gustaría provocar una nevada dentro de las salas de la NauEstruch, llevar el norte a todos los presentes.
Desmontaré las obras expuestas, llevaré a cabo una performance con las paredes desnudas, sin imágenes de referencia. Hablaremos de imágenes pero sin imágenes; quedará la narración y algún círculo.