Rómulo y Humus





Rómulo

Leo que la palabra nostalgia fue invento de un estudiante de medicina suizo llamado Johannes Hofer hacia 1678. Este doctorando había disertado en su tesis sobre la tristeza que afectaba a algunos soldados cuando servían fuera de su patria. Ciñó su estudio al caso de los soldados suizos que viéndose alejados de los paisajes montañosos de su infancia, sufrían una patología cuyos síntomas sólo remitían al regresar a esos entornos. Johannes Hofer, muy en consonancia con los estudios médicos de la época, combinó del griego los términos nostos (regreso) y algos (dolor) para forjar el nuevo vocablo.

Fotografío los cielos que envuelven la estatua de Giordano Bruno en Campo di Fiori. “Ser europeo es pisar ruinas”, escribía el snob de Mauricio Wiesenthal a propósito de Roma. Es mi quinto viaje a la capital italiana, es decir, al corazón de las ruinas. Esta vez no trajino las páginas de la Guida Rossa ni los volúmenes del historiador alemán Theodor Mommsen, no hay nostalgias que me letrahieran, el viaje es familiar y no tendré tiempo ni de conocer nuevas piedras, ni de arrastrar desdichas. Me conformo con empezar el itinerario entre legumbres y hortalizas, en una plaza a la que un día iré a morir, bajo el manto hereje de Giordano Bruno. Todo relato de viaje remite a un viaje anterior. No podemos liberarnos del viaje anterior sin habernos ocupado muy a fondo del viaje anterior al anterior. Freud sostenía que con un conocimiento meramente intelectual no había manera de superar el viaje de la infancia. Para culminar el viaje adulto no sólo hay que recordar los pormenores e incidentes del “viaje anterior”, de alguna manera hay que revivirlos. Lo que pasa es que fluyen rápido los años y en el “torrente dominador del mundo que va descubriéndose” (Jung dixit), muchas cosas quedan atrás sin resolverse. El fluir de los años nos inunda y la corriente nos arrastra, y no da tiempo a nada de nada. Es el quinto viaje a Roma, pero hubo otros cuatro antes.

Es posible que Michele Mascitti, olvidado compositor italiano del S.XVIII, estudiara en Roma con Corelli, aunque es en Alemania, Holanda y París donde más vestigios de su paso quedan. Fue desplazado por los suyos, tuvo que desarrollar gran parte de su carrera musical en el extranjero. Entre 1739 y 1738 publicará en París, todas las colecciones de música instrumental. A partir de 1739 se nacionaliza francés, protegido del Duque de Orleáns. Corrente, sonata op. II nº3 me hace llorar. Al empezar un viaje que nos tiene que hacer olvidar cuatro viajes anteriores está bien llorar un poco. Es una manera de exorcizar llantos futuros. Este quinto viaje huele a canela, requiere estufa, cierra etapas, abre sendas. Maruja cumple años de jubilación. Sus tres hijas le han organizado un viaje sorpresa a Roma. Ella cree que va sola con su marido a la ciudad del Tíber. Pero en el aeropuerto nos presentamos todos, sus hijas, los yernos, la nieta Lucía. Hay risas, alguna lágrima, nos embarcamos hacia Roma. Hemos alquilado un apartamento junto a Campo di Fiori. Apenas deponemos maletas, salimos al festín de color del mercado diario de esta plaza. Entonces, fotografío la estatua de Girodano Bruno que parece aguantar todo el peso de los cielos sobre sus bruñidas espaldas.

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Humus.

El Montseny es la montaña que pone a prueba la ciudad, decía un viejo informe de 1922 que redactó Josep Llorens Artigas para el Consell Permanent de la Mancomunitat de Catalunya. “El Montseny es la montaña donde la ciudad debe ser puesta a prueba (…) La ciudad será buena y será culta, o la ciudad será aún primitiva e imperfecta según sepa tratar a la montaña”.

En uno de los mayores hayedos del Montseny a los pies del Turó de l’Home, me entierro bajo un manto de hojas secas. Soy humus, absorbo nutrientes del sotobosque. Una semana después del viaje a Roma, a quince días del invierno, me hago otoño.








Comentarios

  1. Hahahaha. Es cierto.
    (Es un honor tenerle como lector, Sr. Calvo)

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  2. Mmmm... em temo que hi ha mes, molt mes... a sota de totes aquestes fulles de paganisme i tardor....m' encantarà descobrir-ho a poc a poc com... fas tu...

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