domingo, 30 de agosto de 2009

Lars von Trier, Miriam Sánchez y Pipi Estrada.

¿Cómo  Lars von Trier podría reconciliar el matrimonio de Miriam Sánchez y Pipi Estrada?

Asistes desde hace unas semanas al espectáculo mediático de una pareja de guapos que ha decidido dar por acabada su relación y utilizar revistas y programas de televisión para explayar sus infortunios conyugales. Te atrapa esa violencia impúdica de los sentimientos y precisas escribir sobre ella para poder entender tu atracción.

Miriam Sánchez es una joven de 28 años famosa por sus coqueteos con el cine porno con el pseudónimo de Lucía LaPiedra. Su carrera en este tipo de cine fue breve pero le sirvió para encontrar un sitio en programas de animación en las televisiones privadas. Wikipedia redacta un semblante biográfico en el que se habla también de pasadas adicciones y de la parte pública de su currículum sentimental. Wikipedia también, explicita la vida profesional y sentimental de Pipi Estrada; periodista deportivo a la sombra de los grandes, comentarista, polemista, casanova del famoseo, a sus cincuenta y tantos televisó su flechazo con Miriam, posterior embarazo, nacimiento de la hija en común, y ahora, televisa la destemplada separación…Hay algo del mito Pigmalion en esta historia: maduro hombre hecho a si mismo, salva del mundo siniestro del porno y las adicciones a la bella pero ingenua Lucía-Miriam. Ella, simula candidez aunque no puede sacarse de encima la mácula de devorahombres libertina. Él está acostumbrado a hacer de su vida sentimental un circo mediático; Ella aprende rápido la práctica de estas artes de la mano de su prometido. El problema, claro, es el negocio que se sustenta, precisamente, sobre estos exhibicionismos. De alguna manera la presencia en los medios de comunicación les asegura un alto nivel de vida; un nivel que les obliga a seguir vendiendo su intimidad sempiternamente. Es más, este tipo de famosos necesitan manipular su intimidad para que resulte atractiva a los medios que luego harán carnaza de ella. Un círculo vital cerrado, canallesco, que estimula la demencia. Lloran, ríen, se pelean en público, mienten hasta la saciedad. El negocio se sostiene sobre adicciones y ludopatía, sobre patologías que a nadie le interesa curar.

¿Porqué te sacude esta ruptura, porqué te lastima este duelo mediático, porqué un aguijoneo te invade cada vez que ves el rostro de Lucía-Miriam o los dislates de Pipi?

A ratos bella, turbadora desde la primera escena, la nueva película de Lars von Trier golpea. Antichrist te hace dudar, no sabes si estas ante una obra maestra o ante la expiación de un cineasta loco. Mientras la pareja protagonista hace el amor (el sexo como origen del pecado), su bebé se levanta de la cuna, se acerca a la ventana abierta del salón, se precipita al vacío. Una escena rodada en blanco y negro, con los tiempos ralentizados, pulcra, inquietante (sobretodo si, como es tu caso, se tiene un pequeñuelo de tres años en casa), habitáculo del dolor que nos prepara para el resto del film. A partir de ahí, el film se estructura en estadios de indagación de ese dolor, como un psicoanálisis en imágenes. Él, personaje que interpreta Willem Dafoe, psiquiatra de profesión, intenta conducir la atormentada borrachera de Ella, Charlotte Gainsbourg. Es la razón enfrentada a la enajenación, es la estructura contra el ahogo. Un tercer personaje se cruza en la trama, la Naturaleza, que es el Anticristo, que es Dios y Demonio en uno. La pareja sumida en la desesperación por la muerte accidental de su hijo de tres años, se retira a una cabaña aislada en el bosque llamada “Edén”. Allí se precipitan los infiernos interiores. Sobrevuela el desconcierto de creer que la verdadera naturaleza humana es demoníaca.

Lars von Trier pasó una depresión mientras filmaba Antichrist. “Acabé el guión y rodé la película sin mucho entusiasmo, usando la mitad de mi capacidad física e intelectual (…) Compuse imágenes sin pensar en la lógica ni el dramatismo. A menudo surgían de sueños (…) Una vez más el tema era la Naturaleza, pero era diferente, mucho más directa que antes (…) ¿Ha sido Antichrist mi crisis en el infierno?”

Para salvar su matrimonio, Miriam y Pipi saben que han de dejar de ser Miriam y Pipi, han de dejar de ser personajes públicos. Han de solventar sus terrores. Han de encerrarse en el bosque primigenio. A Miriam le falló en la infancia la figura materna, cuentan las tertulias televisivas. Tendrá que ir a una cabaña para afrontar sus miedos. Quisiera saber que tal se llevó Lars von Trier con sus progenitores. Antichrist parece un ajuste de cuentas con la Madre. Se acusa al film de misógino. Aunque el personaje masculino tampoco sale muy bien parado. Pipi Estrada sabe que tendría que cambiarse el peinado y quitarse las ropas. Dejar salir la vejez. Dejarse barba, que se le vieran las canas. Olvidar su impostura de gigoló trasnochado. Marcharse de la ciudad, de los ambientes cosmopolitas. Volver al bosque primitivo. ¿Por qué tiene un ego tan desbordado? Un hombre con buena carrera, profesión, estupendo físico, ¿qué complejos arrastra hasta el desequilibrio mediático? Pasan los días y el enfrentamiento televisivo va a mayores. Lucía-Miriam y Pipi sacan los trapos sucios, pierden los nervios, lloran, chillan, se autoinmolan en público. Es una nueva pornografía. La impudicia televisada de los sentimientos, la destilación del yo hasta el desgaste. ¿Porqué te agita esta marea neoporno? No sabes, pero te gustaría que esta pareja visionara el film de Lars von Trier y advirtieran las consecuencias de no poner freno a los abismos.

Te calzas las deportivas. Está a punto de llover. Las primeras lluvias de la temporada. Sales a trotar el bosque con una proposición en mente que Thor Heyerdahl escribió en su autobiografía, oportunamente titulada Tras los pasos de Adán: “…el infierno y el paraíso no están en lugares distintos, sino siempre en el mismo. No se puede elegir uno u otro simplemente mudándose. Los dos aparecen como amigos inseparables por muy lejos que se viaje…”.

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