El insomnio y la propaganda nazi

“La Gran regla: Si lo poquito que dices no tiene en sí nada de raro,
dilo al menos un poco raramente”. Georg Christph Lichtenberg


La Fragilidad, mostrar la vulnerabilidad es el auténtico acto subversivo en nuestros días.

Te has levantado. Son las tres y media de la madrugada. Sudas, llevas un buen rato dando vueltas. Conoces los mecanismos del insomnio. Primero aparece una idea. Quizás alguna noticia oída durante el día, o un afecto mal resuelto. Como la carcoma, la idea te penetra. Entonces viene la angustia. Giras-que-te-giras la idea, circunvalas, pero la maldita sigue ahí sin resolverse y no quiere abandonarte. Luego se pueden sumar más reemplazos, o aún peor, empiezan los balances. Está todo perdido, cuando empiezan los balances más vale que renuncies a la cama pues el sueño te ha sido negado. A la nevera, bebes un trago largo de zumo. La tele. Subastas infames, anuncios de productos majaderos, telefilmes pasados de moda,…un reportaje te atrapa. Se trata de un documental sobre Eva Braun.

En el primer viaje a Duisburg era tu primer viaje a Duisburg. En el recuerdo de tu primer viaje a Duisburg está todo nevado. En Alemania y Holanda las casas están preparadas para el frío. Uno puede acomodarse, pasearse en camiseta, vivir el trópico en las casas alemanas. En Duisburg se come muy buen pan. Hay una panadería al lado de la Estación Central con una de las más variadas ofertas de pan y bollos que jamás vieras antes. A la hora del almuerzo podías desayunar huevos duros con bacón, pastel de manzana, té con leche y zumo de naranja, por precio módico. Acompañan el millar de panes del mostrador: Pan de centeno, pan de soja, pan trenzado, pan blanco, pan con pasas, pan comino, baguette campesina, tostas de pan, pan bola, pan con frutos secos, pan muelle, pan con cereales, pan pandereta, pan flauta, pan pandero…¡No hay quien se duerma si sigo pensando en Duisburg y sus panaderías!- te dices.
Para caminar por las calles nevadas de Duisburg uno debe llevar buen calzado. También hay que llevar buen abrigo. Duisburg fue terriblemente bombardeada durante la Segunda Guerra Mundial. La arquitectura se reconstruyó con apremio y congoja. Resultado de tales dispensas, Duisburg acabó por ser una ciudad urgente y triste. Por eso te extrañó sentirme bien allí, la primera vez que pisaste Duisburg. La nieve era azul.

Las mañanas huelen a pueblo en el pueblo en el que vives. En Duisburg también olían a pueblo, pero a pueblo azul; azul Prusia. Donde vives amanece en frío y neblina. Huele al rocío iluminado de los helechos. Le vienen a uno entonces, las presencias de la infancia, las memorias asturianas. Los veranos del norte que olía a leña y a monte, a “cucho” y a queso fermentado. Los tazones con leche ordeñada, el pan de hogaza tostado al alba con la nata de esa leche y una cucharada de azúcar espolvoreada por encima. Los paseos junto a la vía del tren, o a la vera del río Nalón. Las truchas, las empanadas de carne, los escondrijos en el bosque, las vacas, sus terneros, los asturcones trotando en libertad. A todo eso huelen las mañanas cuando te diriges a la estación de tren. Tienes sueño. Te retuerces en el sofá frente al televisor. Eva Braun llamaba a Hitler su Führer aún en la intimidad. El documental sugiere inclinaciones pedófilas del Führer; en casi todas las películas caseras filmadas por Eva Braun, Hitler aparece acariciando niños (claro, que también le gustaba acariciar perros y el documental no sugiere zoofilias); aunque Él no quiso o no pudo tenerlos (me refiero a los niños, perros si que tuvo muchos). Por si descartas esta tesis, el documental propone que el Führer probablemente tenía una relación “especial” con Albert Speer, el arquitecto del Régimen, del que no se separaba nunca en estos actos familiares tan insistentemente filmados por la Braun. ¿Por qué filmaba con tanta tozudez Eva Braun la vida alpina y doméstica de este Hitler de fin de semana? Tienes sueño pero no puedes dormir. Son las cuatro de la madrugada. La nieve es triste en Duisburg. Las mañanas huelen a pueblo. ¿A qué olía el Refugio de la Águilas de Hitler? Eva Braun soñaba ser Leni Riefenstahl; tenía celos de Leni. Justo antes de erigirse como única en la vida de Hitler, se daba por hecho la relación sentimental entre el Führer y la cineasta. Eva Braun amaba a Hitler de una manera mesiánica no carente de ternura. Amor mesiánico. Extraña idea a las cuatro y pico de la madrugada.

En una entrevista a Setsuko Klossowski, viuda del pintor Balthus, la noble señora de sus dominios, decía que los japoneses no se imponen a la naturaleza ni tratan de conquistarla. Los japoneses viven con la naturaleza y no contra ella. Decir “te amo” para un japonés, es una brutalidad de incalculable daño moral. Si una mujer quiere seducir a un hombre lo hará con pequeños gestos: un haiku, una comida especial o una disposición particular de las flores del jardín. Porqué pensar en esto mientras ves a Eva Braun bañarse desnuda en una cascada o la ves hacer piruetas en las playas francesas al tiempo que su amado Führer gasea judíos y arrasa ciudades. Los resortes del insomnio son inescrutables. Ahora piensas en las mujeres que te han amado, en lo incómodo que resulta el sofá a estas horas, en Eva Braun y sus mofletes rollizos, en la viuda de Balthus y su chalet suizo, en la naturaleza y el pueblo en el que vives, en la nieve de Duisburg…te prohíbes pensar en Nietzsche aunque se avecina. Se acaba avecinando Slavoj Zizek. No has podido evitar recordar el obituario sobre Leni Riefenstahl que escribió en aquel artículo titulado “Learning to love Leni Riefenstahl”. Zizek presentaba la trayectoria de la Riefenstahl como una “cartografía de la autonomía”, desde las alturas hacia una consumación sombría. Comienza siendo actriz en esos documentales ingenuos sobre el valor del alpinismo y la fuerza omnipotente de la naturaleza. Escala picos vestida con ridículos trajes regionales enseñando las piernas y las bragas. Hitler queda fascinado (no sé si por los picos, la épica, o la bragas). La Riefenstahl pasa a filmar sus propios filmes de montaña hasta llegar a los documentales nazis de propaganda y al famoso film de las Olimpiadas. Luego, tras la Segunda Guerra Mundial, se recluye en el estudio fotográfico de los atléticos cuerpos Nuba, en esa catarsis con la fuerza primitiva que encierran los cuerpos africanos. A los 70 años se reinventa de nuevo como fotógrafa de simas y faunas abisales. Fin del ciclo. Desde las cimas a los abismos marinos. Muere a los 101 años.

Uno de los mejores métodos para prevenir el insomnio es la práctica deportiva. Vives en un pueblo, sientes fervor por las montañas que te rodean, por la cercanía de un mar que apenas está a veinte kilómetros ¿La naturaleza te salva de las “degeneraciones cosmopolitas”que anunciaban los nazis? Correr por los bosques del Montseny. Empezaste a correr a los 13 años. Habías corrido antes en el colegio o en los juegos callejeros. A los 13 cuando, por primera vez, sin venir a cuento, te calzaste unas deportivas y fuiste a trotar Madrid. Trotabas el Parque del Retiro o los alrededores de la Ciudad Universitaria. Entrenaste un par de años en las pistas de los Jesuitas de Chamartin. Correr. Quedabas esporádicamente con amigos para correr; aunque pronto descubriste que correr es un oficio solipsista. A partir de un primer día que te resulta imposible datar, corres. Nunca paraste de correr desde ese día. Hubo inviernos en los que anochecía antes de tener tiempo de salir a correr. Hubo alguna lesión que te mantuvo apartado. Pero sigues corriendo. Al entrar en la madurez, necesitas más que nunca esa comunión entre la respiración y las piernas, esa unión entre músculos y horizontes.
Llevas días sin correr, quizás por eso tienes insomnio. Al poco de trasladarte a este pueblo, trotabas un par de días por semana. El territorio permitió pasar del trote a la practica del trail-running que te lanza al bosque buscando las cañadas más difíciles, los encinares más espesos, el arañazo del acebo y los matorrales, al chapoteo entre barrizales, al salto entre cantos rodados…Congratula pensar que allí donde corres y te dañas y te ensucias, otros corrieron antes. Pensar en los primeros del Montseny, en los pueblos íberos, en aquellos que han dejado el rastro megalítico de un mediterráneo que con los romanos se alejó de estas montañas para adentrarse en el mar. Corres cerca de los castillos y ermitas del medioevo que todavía se ven en los macizos; corres entre bandoleros, brujas y nereidas, y duendes, y el recuerdo de los lobos. Corres por el GR 5 hasta acercarte al refugio donde el pintor Antoni Tàpies pinta su pintura desde hace más de 40 veranos. Da miedo pensar en lo que une los bosques, las montañas y los paisajes a las ideas extremas. Nietzsche caminaba junto al lago de Silvaplana a través de los bosques, como le escribe a su hermana, cuando junto a una enorme roca se detuvo y le vino la idea de Zaratustra. Hitler oteaba el horizonte montañoso desde el refugio que le había diseñado Speer en una cima. -¿Soy un puto nazi por que creo en el esfuerzo y la fibra, por que creo en las regiones y los terruños a pesar de considerarme un errante navegante, porque me dejo dibujar por los paisajes?- te preguntas ¡No hay quien se pueda dormir!

¿Sabéis que es el mundo para mí? – gritaba Nietzsche en sus notas dispersas publicadas como fragmentos póstumos. Decía que para Él el mundo es un mar de fuerzas desbordadas, un mar que se precipita y se inunda a si mismo. Un mar eternamente cambiante, resacoso, “con inmensos años que se repiten”. Se te coló Nietzsche al alba ¡Pero es que tiene razón el jodido Nietzsche! El mundo dionisiaco de la eterna autocreación. Ciclos que se repiten. Vivir cosas que ya se han vivido. La vida bola. El eterno retorno, o toda esa mierda. Calientas agua para una infusión. Está claro que eres un producto de ti mismo, perdedor. Nietzsche te desborda. La vida te inunda; o ¿es el insomnio el que te rebosa? Ein Buch für Alle und Keinen.

Dentro de dos horas sonará el despertador, tumbado en el sofá, viendo a la Braun desobedeciendo a su Führer. Hitler le ordena no ir a Berlín, el final se aproxima. Pero Eva Braun quiere morir junto a su Führer y va a Berlin contraviniendo la orden. Se suicidan juntos en el Bunker. Mañana serás un contrahecho cuando llegues al museo en el que trabajas. No hay forma de dormir. Ni infusión de valeriana ni leches. Dice Doris Lesing en el artículo de un periódico caducado que relees para combatir la programación televisiva de madrugada, que lo que le fascina de enamorarse es esa razón por la que dos personas pueden sentirse instantáneamente atraídas sin conocerse. Nietzsche pone en boca de Zaratustra que el mundo es profundo porque duele, y que el placer es más profundo que el sufrimiento, porque el dolor pasa, más todo placer quiere profunda eternidad. En el Ipod suena Chet Baker cantando “I fall in love to easily, I fall in love to fast, I fall in love to terribly hard…”. Recortas una foto del periódico, Jean Seberg haciendo de Juana de Arco. Te gusta más otra foto que cuelga frente a la mesa del despacho, Jean Seberg paseando con Jean Paul Belmondo en un fotograma del film “Al final de la Escapada”. El amor, Jean Seberg, Eva Braun, Duisburg, la Riefenstahl, la viuda Klossowski, los duendes, las ninfas, los pueblos íberos, la invasión romana, el insomnio, el morir, la propaganda nazi, la fragilidad, Zaratustra, la vulnerabilidad, el mediterráneo, la nieve azul…

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